Oct 11, 2011

Pina 3D (2011) - Wim Wenders

Reseña crítica
por Gonzalo de Miceu


Pina es un homenaje-documental coreografiado e interpretado por los bailarines y compañeros de una de las grandes figuras de la danza contemporánea alemana e internacional, Pina Busch; y dirigido por Wim Wenders en su primer filme en 3D. Homenaje a la memoria de Pina y retribución a su legado artístico y humano. Una carta cinematográfica, una despedida purgativa para la pantalla grande. Tanto A letter to Elia (2010) de Martin Scorsese como Pina de Wenders trabajan una nueva forma de escritura corresponsal. Una escritura sin un destinatario asignado. Una carta para el mundo, para el que busque integrarse al brotar de una nueva memoria social colectiva donde la imagen privada y pública se confunden en mérito o en busca de la familia humana.

En la visión de Wenders, hay una resolución firme de respetar esa descomposición, esa desarticulación corporal que hace de la carne febril el medio caótico predilecto para alcanzar la pureza en la expresión danzante. La repetición ritual, el esfuerzo descarnado en los movimientos, la inhibición del alma. El cuerpo es constricción y lo que Pina pone en escena es el pánico ante el abandono de la categorización individual. Es como si las piezas de Pina se detuvieran en ese instante que proyecta un futuro de liberación, una dilatación tempestiva de promesas emancipadoras. No se puede distinguir lo sublime de lo achacoso en la obra de Pina. Pina alcanza una mirada ventosa, como si pudiera pasearse por toda la melancolía y sabiduría infantil que anima y desanima el mundo, como si fuera el viento que corre por el atlántico y el humo de las tabernas al mismo tiempo. Encontré algo de la sensibilidad que despierta Pina en otras grandes artistas latinoamericanas como Violeta Parra y Mercedes Sosa. Una elevación contenida, el primer paso al vacío. Toda una fragilidad desnutrida y violenta, el vértigo de retorcer las pupilas con los ojos cerrados. 

El trabajo de Wenders consiste en ofrecer un espacio de despedida, un agasajo audiovisual de los bailarines a una Pina abruptamente ausente. Wenders también se las ingenia para jugar con la percepción tridimensional y replantear cuestiones ya trabajadas con una nueva técnica. El poner en evidencia la representación, la imagenalidad de la imagen, la constitución del simulacro, la resistencia irónica ante la incorporación idílica del teatro –que también manejaba Pina en el uso de la palabra crítica, en una contra ironía  teñida de guiños irónicos-;  sin abandonar rasgos característicos de su cine, esa especie de óptica cartográfica que lleva a los bailarines a desempeñar las ofrendas danzantes por los paisajes urbanos y naturales de Westphalia (Alemania).

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