Mar 22, 2012

Análisis de “Final de un cuento” de Reinaldo Arenas

por Santiago Asorey


“La literatura ha sido la salvación de los condenados; la literatura, la literatura ha inspirado y guiado a los amantes. Vencido a la desesperación y tal vez en este caso pueda salvar el mundo.” John Cheever, Diarios.
                                    
 "... Pienso en Reinaldo Arenas. Pienso en los poetas muertos en el potro de tortura, en los muertos de sida, de sobredosis, en todos lo que creyeron en el paraíso latinoamericano y murieron en el infierno latinoamericano.
Roberto Bolaño, Carnet de Baile

Hace poco escribí un comentario sobre La Vida Breve de Juan Carlos Onetti, tratando de reflexionar sobre lo que creo que ha sido uno de los problemas centrales de la literatura latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX. Ese problema, es el de la supervivencia. La idea era sostener que lo que atraviesa a la obra de Onetti como motor de fabulación de nuevos mundos virtuales, es la necesidad de sobrevivir.  Lo que proponemos en principio es un micro-análisis comparativo de dos textos latinoamericanos. Por un lado “Final de un cuento” de Reinaldo Arenas y por el  otro “La Vida Breve” de Juan Carlos Onetti.  Para empezar se trata de considerar construir geografía con lenguaje. Se trata de la capacidad de crear un espacio virtual de la imaginación que permita a los personajes seguir viviendo en un nuevo espacio. La clave esta en definir la identidad de una región a través del lenguaje que la expresa y la reinventa. El Brausen de “La Vida Breve” de Onetti  siente la amputación que sufre su mujer como una amputación a su propia vida física. Ante la imposibilidad de vivir felizmente decide crear una nueva ciudad virtual llamada Santa María.  La ciudad de Santa María de Onetti es la respuesta ante la muerte espiritual de la vida real de Brausen en Buenos Aires.  Santa María es un punto medio entre Buenos Aires y Montevideo. Al igual que Cayo Hueso de Arenas es también un punto medio entre la isla de Manhattan y la isla de Cuba.  Tanto Santa Maria como Cayo Hueso son espacios de la conciencia conformados mixtamente por el lenguaje y la cultura de dos regiones distintas.  Representan la tensión de dos oposiciones culturales. Al mismo tiempo, que implica no estar en ningún centro, ni en un lugar puro.  Por el contrario funcionan como lugares virtuales de resistencia que se construyen a partir de nuevas formas de concebir el lenguaje. En ese sentido para Arenas el odio es también un lugar.  La utopía tanto para Onetti como para Arenas, no es mas que la idea que permite resistir. Lo que los autores nos dicen es que ante la violencia y la soledad latinoamericana lo único que se puede hacer es crear un mundo ficcional para sobrevivir en él. 
Al final los personajes de “La Vida Breve” terminan fugándose hacia el mundo ficcional de Santa María. Mientras que en “Final de un Cuento” el personaje principal le reclama a su amigo no haberse adaptado a su utopía de Cayo Hueso. Cuantas veces te dije que esté era el sitio, que había un sitio parecido, casi igual, a aquel de allá abajo. ¿Por qué no me hiciste caso?  La clave en el texto esta en la construcción de una tesis sobre los espacios. Los espacios están atravesados por lo real en la descripción de elementos pero en el fondo funcionan como una conciencia topográfica. De ahí a que la descripciones que empiezan en New York puedan descender hasta Cuba.



En “Final de un cuento”, toda la narración pareciera ser la búsqueda de un lugar de supervivencia. Y ese lugar no tiene que ver con un espacio real, sino el odio como lugar desde el cual resistir.  El odio como motor que permita crear y maldecir y seguir viviendo olvidando lo que nos arrastre hacia abajo. Óyelo bien; yo soy quien he triunfado, porque he sobrevivido y sobreviví. Porque mi odio es mayor que mi nostalgia. El odio existe como resultado del exilio permanente.  Reinaldo Arenas propone una forma de la insularidad etica y espiritual. Porque estas insularidades no están conformadas en espacios geográficos sino en los espacios de la memoria espiritual y en una etica del discurso.  Su entrelazamiento produce que las islas convivan en dimensiones atravesadas entre si. Las referencias implícitas a “La Divina Comedia” muestran esta forma de conciencia en donde se remplazan las coordenadas geográficas de Norte y Sur por las coordenadas espirituales de arriba y abajo. 

El trabajo espiritual de la novela podría emparentarse con el de John Cheever, en “Esto Parece el Paraíso”, en donde cada acción o espacio externo se corresponde a un estado espiritual o moral. Cayo Hueso podría entonces encarnar la metáfora del purgatorio y esa referencia al flotar afuera del infierno podría ser también la experiencia del limbo. “Con una maleta y junto al mar, a donde podía dirigirme sino a una lancha, hacia un bote clandestino, hacia una goma, hacia una tabla que flotase y me arrastre fuera del infierno”.   Lo que podría verse como nexos míticos en la obra de Cheever y la de Arenas es la experiencia de expulsión del Paraíso.  Ese paraíso para Arenas esta en un pasado irrecuperable, en un  lugar que ya no existe en otro lugar que no sea en la conciencia y que su personaje principal debe olvidar o tapar con odio.  Cheever escribiría sobre la expulsión  del paraíso de su personaje Horace Crisholm sin odio. Ya que el concepto del odio en Parece el Paraíso no parecería tener mucho sentido en la cosmogonía final del Cheever.

Parte de esta cosmogonía final de Cheever se expresa en este párrafo “Entonces se sintió perdido. Estaba perdido. Había perdido su corona, su reino, sus herederos y ejércitos, su corte, su harén, su reina y su flota. Nunca había poseído nada de eso, claro que no. No era emocionalmente deshonesto. ¿Porque se sentía entonces como si lo hubiesen despojado física y cruelmente de lo que jamás había pretendido poseer?
 La absoluta genialidad de este párrafo de Cheever nos permite pensar tanto el problema político latinoamericano que afecta la obra de Arenas como todo el problema existencial de los personajes de Cheever.  Su amplitud para la reflexión probablemente tenga que ver con cierta universalidad del texto y su pluralidad de sentido. El problema con los mundos idealizados que Arenas tiene de Cuba y de la revolución cubana y como estos mundos fracasaron, está vinculado a la brecha que existió entre la idea utópica que se cristalizo en la conciencia y la realidad material.  La idealización de nuestro pasado produce un desgarramiento en relación a la realidad material.  Este problema  no es solo el problema del autor cubano sino el de toda una generación de latinoamericanos que fueron militantes políticos, escritores y artistas. Lo que quiero decir es que Latinoamérica nunca fue paraíso, apenas la posibilidad de un paraíso. Aun así el fracaso de la revolución fue percibido como la expulsión del paraíso.  En ese sentido el exilio político de Cuba del personaje de Arenas, es también un exilio espiritual y mítico.

Lo que pareciera esconderse detrás de las declaraciones de odio del personaje principal en “Final de Cuento” en realidad podría acercarse un poco aquello que dice Fernando Vallejo en una entrevista sobre “El Desbarrancadero”. “yo odio y quiero que se muera Colombia, porque la amo y no la quiero ver sufrir mas.”  El concepto del odio en Arenas no es solo un concepto ideológico y político, es también una forma mas profunda de resistencia que ayuda a pensar que significa una ética del discurso estético en Latinoamérica. En donde el odio y la violencia tienen una estrecha relación con el amor y la necesidad de seguir viviendo y escribiendo.


No comments:

Post a Comment