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Mar 16, 2012

Análisis de "El Sur", "El evangelio según Marcos" de Jorge Luis Borges y "Aballay" de Antonio Di Benedetto

La reescritura como forma de producción literaria
por Gonzalo de Miceu


Una de las características esenciales de la escritura borgiana es, sin duda, la intertextualidad. Esta disposición a exhibir la presencia de un texto dentro de otro, o de la revisión de un mito, también es propia de Aballay. La pluralidad discursiva, que emplea tanto Borges como Di Benedetto, impone la reescritura dentro de la literatura. Una reescritura que enlaza una tradición de textos constitutivos de determinados espacios culturales con la literatura actual y existente, en un diálogo inagotable que mantiene como premisa recrear la literatura a partir de un nuevo orden. A través de una revisión de la literatura, que abarca todo género y tradición, proveer una nueva lectura de aquella región pampeana constituida como mito.

El Sur, exhibe la condensación de dos linajes en su protagonista Juan Dalhmann. Cada una de estas estirpes concentra un espacio cultural  particular.  El mundo paterno de Dalhmann toma forma en su abuelo alemán, pastor de iglesia evangélica, simbolizando aquel espacio de orden vinculado estrictamente al Libro. El mundo materno, el mundo de los Flores, se asocia con el criollismo de aquellas primeras colonizaciones, que imprime una visión singular del Nuevo Mundo como lugar utópico y de lo maravilloso, que se impuso a lo largo del descubrimiento de América y sus primeras islas. Francisco Flores muere en la frontera de Buenos Aires lanceado por los indios. Flores reivindica el mito del heroísmo a través de la construcción heroica de un pasado del cual sólo se conserva el casco de una estancia en el sur. Los restos de esa “larga casa rosada que alguna vez fue carmesí”, nos acercan a una fecha específica, donde tras derrotar a Lavalle, Juan Manuel de Rosas accede al gobierno de la provincia de Buenos Aires  y logra constituirse en el principal dirigente de la Confederación argentina (1835-1852).  Para este entonces, la llanura pampeana bonaerense había estado sometida al dominio blanco apenas en una franja estrecha junto al Paraná y el Río de la Plata. Desde entonces, la frontera se  adelanta hasta una línea que pasaba aproximadamente por las actuales ciudades de Balcarce, Tandil y Las Flores . Durante los primeros años de su segundo gobierno, la política de Rosas para con los indios alternaría tratados de paz y donaciones con campañas de exterminio. Se puede aducir que la estancia que hereda Dalhmann pertenece a este período, en el cual las casas se pintaban de colorado con sangre de toro para ahuyentar enemigos. Este dato indica que fue construida posterior a un desplazamiento indígena y da fe de conquista, donde las tierras eran repartidas entre los soldados y financistas de campaña, que posteriormente, al no poder sostenerlas, eran vendidas a ingleses.  De este modo, Borges recupera un mito pampeano, no como factor económico, pero sí desde el lugar del heroísmo.
  
Entre la confluencia de linajes Dalhman elige “ese antepasado romántico, o de muerte romántica” que se nutre de la tradición criollista. Borges pasa a enumerar una lista de elementos que son parte de mitificaciones pampeanas anteriores, a las cuales adhiere Dalhmann. En primer lugar menciona un daguerrotipo, primer procedimiento fotográfico que data del año 1839. Existen evidencias, que marcan la aparición del primer daguerrotipista en España, el abate francés Louis Compte, que viajaba de la fragata mercante Oriental, que se encontraba en viaje dando la vuelta al mundo. Las demostraciones de Compte en Río de Janeiro y Montevideo en 1840 son una referencia en la historia del daguerrotipo en América del Sur . El daguerrotipo representa una invención que incursionó con soberana importancia en la construcción mítica de América del Sur por parte de Europa. Borges también menciona la espada, la barba y estrofas del Martín Fierro que  remiten directamente a tradiciones gauchescas anteriores. En el cuento también sobrevuelan referencias a otras obras literarias como Los cielitos de Bartolomé Hidalgo, en cuyos cielitos impera el tono agresivo contra los enemigos de la patria, o el Facundo: Civilización y Barbarie,  donde Sarmiento absorbe la imagen de los viajeros ingleses del siglo XVIII y XIX que atraídos por las imágenes que les llegaban, enviaban hombres con motivos de negocio y exploración. Tanto en El Sur, como en El evangelio según Marcos, encontramos La Pampa descripta como un espacio sin límites, emparentada con el océano. 

El oficio de Dalhmann como secretario de una biblioteca municipal, evidencia su afán erudito y su corte letrado. Este afán se intensifica con la ansiedad por leer Las Mil y una Noches de Weil para compararlo con la traducción popular. Omitiendo intereses particulares del autor, se transparenta la relación entre el gusto popular, entre Flores como prototipo romántico de la cultura nacional argentina de los últimos siglos, y los letrados; aquellos que sostienen el gusto popular. Distraído por su lectura, sufre un accidente y termina hospitalizado. Este es el instante del relato donde comienzan a confluir el mundo urbano y el mundo rural (el mundo del deseo). “A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos”, frase que despierta sospecha en el lector y abre el texto a una doble interpretación, comprendiendo una retórica realista y una fantástica que se expresa en el manejo de la temporalidad. El narrador se involucra en un doble proceso. Por un lado da cuenta de una dilatación temporal, donde “ocho días pasaron, como ocho siglos” y por otro, remite a horas y momentos exactos del día. En el viaje en tren hacia la estancia, es donde se manifiesta con mayor claridad esta duplicidad  retórica de dos hombres, aquel “que avanza por el día otoñal y por la geografía de la patria, y el otro, encarcelado en un sanatorio y sujeto a metódicas servidumbres”. La descripción de los paisajes que Dalhmann observa a través de la ventana, se acerca a aquella mítica tradición pampeana. Frases como: “sueños de la llanura”, “su directo conocimiento de la campaña era harto inferior a su conocimiento nostálgico y literario”, “todo era vasto, pero al mismo tiempo era íntimo y de alguna manera, secreto”, son ejemplos de esta vacilación semántica que nos permite abordar el texto desde una  doble retórica y al mismo tiempo dar cuenta de una tradición romántica que circunda  El Sur. Cuando Dalhmann ingresa al almacén testigo de su duelo, algo “en su pobre arquitectura le recordó un grabado en acero, acaso de una vieja edición de Pablo y Virgina”.  Pablo y Virginia, escrito por Jacques-Henri Bernardin de Saint-Pierre, autor francés prerromántico, narra un idilio que transcurre en la isla de Santa Elena, en el que se puede apreciar con claridad su ideología rousseniana que pretende volver al hombre a su estado primitivo y natural. Este tipo de referencias nos envuelven en una sensación de melancolía y refugio en un pasado mitificado, en relación con la isla como espacio utópico por excelencia. “Dalhmann pudo sospechar que viajaba al pasado y no al sur”. Borges escribe: “estaba como fuera del tiempo, en una eternidad”. El sur de Dalhmann responde a una idealización del Sur en la cual confluyen tradiciones anteriores.


Dentro del almacén, Dalhmann registra al viejo sentado y encuentra en éste todas aquellas peculiaridades de la literatura gauchesca. Dalhmann se dice: “gauchos de esos ya no quedan más en el sur”. El viejo materializa la idea mítica del gaucho aguerrido y el culto al coraje. En este espacio Borges aborda la construcción del duelo.  Dalhmann lo asume  y cumple con su estirpe romántica. Las razones por las que Dalhmann accede son precisas. Por un lado el reconocimiento por parte del pulpero que lo llama por su nombre obligándolo a hacerse cargo de su destino e identidad. Por otro, el cuchillo que le arrojan para pelear, arma que “no serviría para defenderlo, sino para justificar que lo mataran”. Es el Sur idealizado de Dalhmann aquel que resuelve que debería pelear y hacerse cargo de su destino, de su pasado. Es en este preciso instante donde se evidencia una relectura del Martín Fierro.

El evangelio según Marcos, toma lugar en la estancia de Los Álamos, en el partido de Junín. Una estancia  grande y abandonada de fines del siglo XIX, similar a la estancia de El Sur. Una vez más, su protagonista Espinosa,  representa el punto unión de dos linajes adscriptos a espacios culturales dispares. Su padre, un librepensador, instruido en la doctrina de Herbert Spencer y su madre que antes de marcharse le pide que rece el Padrenuestro y haga la señal de la cruz. Esta ascendencia enfrenta dos teorías en continua pugna, el evolucionismo y el creacionismo; sin embargo, Espinoza expresa una indiferencia casi absoluta y poca atracción por la competencia.

En el tercer párrafo del texto, Borges narra como Espinosa comienza a instruirse en cuestiones del campo. El contenido y la estética es similar a los recorridos autobiográficos del naturalista y escritor Hudson, nacido en Argentina que luego emigró a Inglaterra. El recuerdo de éste opera para construir una referencia explícita cuando Borges escribe “…la metáfora que equipara la pampa con el mar, no era, por lo menos esa mañana, del todo falsa, aunque Hudson había dejado escrito que el mar nos parece más grande…”. A través de Hudson, Borges indaga en un clima descriptivo particular y por supuesto contribuye a reevaluar la extensión de La Pampa como aquél espacio sin límites, al igual que en El Sur en relación con el Facundo.

Un desborde del Salado, a causa de la lluvia, desemboca en una inundación que lleva a los Gutre a convivir junto a Espinoza. La conversación con los Gutres es pobre. No son meramente analfabetos; sino que se ven privados de  poder explicarse verbalmente. En una Biblia familiar en inglés (típica de países protestantes), Espinosa encuentra una crónica de la vida de Gutres que termina en 1870. La crónica revela que los Gutres, antes Guthries, inmigran a Argentina desde Escocia, se posicionan como labradores y se relacionan con los indígenas de la región. En este punto, el autor hace resonar el mito de la Odisea.  Borges también hace mención de un libro presente en la biblioteca de la estancia, Tabaré, de Juan Zorilla de San Martín. Poema épico uruguayo que trata del idilio amoroso del indio Tabaré y la española Blanca teniendo como fondo la dura guerra trabada entre castellanos y charrúas en el territorio del actual Uruguay en el final del siglo XVI. Los Gutre encarnan este mito que como colonizadores se funden entre la población indígena. Pierden su Inglés y gran parte de su Español. Colonizados en Escocia y convertidos en colonizadores en el Nuevo Mundo, ahora representan un hibrido que no se corresponde ni con el hombre moderno ni posmoderno.

Mientras que la inundación avanza, Espinosa decide leerle a la familia. Elige Don Segundo Sombra, pero esta elección es desafortunada debido a que el padre afirma que él “había sido tropero y no le podía importar las andanzas de otro”. De este modo Borges aniquila el mito, el gaucho ahora es recero, es parte del sistema capitalista de producción. Espinosa entonces decide leerles  el Evangelio según San Marcos “para ejercitarse en la traducción y acaso para ver si entendían algo”. Especula que el entusiasmo de los Gutres se debe al “duro fanatismo del calvinista” que dejaron en Escocia pero que todavía “llevan en la sangre”, y a las “supersticiones de la Pampa”.

Los sucesos que narra el relato a continuación tienen como referente los textos bíblicos: la mencionada inundación, el uso de la medicina para curar el cordero de la hija menor, el propio gesto de la oratorio que ejerce Espinosa, la barba que se deja crecer, sus treinta y tres años. Espinosa personifica a Cristo bajo los ojos de los Gutres. La posibilidad de confundir la realidad y la ficción, se debe a que Espinosa lee desde un espacio cultural y la familia percibe de otro, desde el abismo. Espinosa surge como un ser omnipotente que recuerda a otro anterior.  De esto lo advierte su padre: “los gauchos suelen ignorar por igual el año en que nacieron y el nombre de quien los engendró”. Los gauchos tienen una memoria tan pobre que confunden historias distantes que tomaron lugar en tierras extranjeras con su propia memoria inmediata. Con la aspiración de ser salvados por el agua, los Gutre nos hacen espectadores de dos sacrificios, la muchacha virgen que se acuesta en la cama de Espinosa y el propio sacrificio de éste. El cuerpo y la sangre.

La particularidad de Aballay, radica en la revisión de dos mitos, uno cristiano y otro clásico, que confluyen en la constitución del propio mito de Aballay. Como en Borges, predominan referencias tácitas a tradiciones anteriores del mito pampeano, inclusive el texto lee: “Se nombra a Facundo, por una acción reciente. (“¿Qué no es que lo habían muerto, hace ya una pila de años?...)”. Esta referencia explicita del Facundo invoca la constitución y reconstitución del mito pampeano. El propio espacio por el que Aballay deambula montado a caballo, también da cuenta de la avasallante extensión pampeana que se manifiesta en los cuentos borgeanos.

El disparador de acción del relato, parte de una interpretación literal de una historia basada en los estilitas contada por el cura a Aballay. Presenciamos una cercanía con los Gutres de la estancia Los Alamos, salvo que mientras Borges exalta la diferencia de dos mundos, Aballay crea preguntas en el sacerdote sobre el modo de vida de estos estilitas, que nunca se preguntó. Esto se percibe como un intento de acercar los dos mundos. Los estilitas eran monjes cristianos solitarios que vivían en el Medio Oriente a partir del siglo V y tenían la particularidad de transcurrir su vida de oración y penitencia sobre una plataforma colocada en la cima de una columna (stylos en griego) permaneciendo allí durante muchos años e incluso hasta la muerte, con el objetivo de alejarse de las tentaciones. Aballay es un hombre de a caballo y decide montar como penitencia por dar muerte a un hombre frente al hijo de la víctima.

El primer punto de conflicto se presenta cuando Aballay, atraído por el humo, recibe “el bocado hospitalario que nunca se le niega al que hace camino”. El protagonista cobra conciencia que aquel gesto podría volverse necesidad de todos los días. El orgullo gauchesco, propio de tradiciones literarias anteriores, choca con Dios. Aballay aprende la diferencia entre la hospitalidad y mendigar. Es el propio orgullo de un gaucho el que lo evade de la situación de mendigo, pero por necesidad deberá pedir todos los días. En diversas ocasiones paga con los cobres de su rastra para no mendigar o practica el trueque.

En la pulpería ç se repite la misma lógica del duelo de El Sur. El asador lo desafía: “el que no se pone, no come”. Aballay asume el riesgo, apuesta y gana, pero no desciende del caballo para cobrarse sus monedas porque rompería su penitencia y tampoco pide a alguien que lo asista, ni se corre por la barriga del animal, debido a que sería humillante y provocaría risas. Nuevamente el orgullo gauchesco se hace manifiesto, y nos remonta al mismo hybris que presenta Martín Fierro. Este episodio es aquel que le hace nacer famas que “el no se entera” y que inicia la constitución del mito de Aballay. En su siguiente encuentro con un grupo de indios se cristaliza la mirada del indio respecto del blanco, y las palabras “hombre-caballo” de la boca de estos indios, traen a colación aquel mito clásico del Centauro que también refleja la llegada de los españoles a América montando a caballo. Nace el mito de Aballay como hombre a caballo y gaucho que no mata, gaucho que se opone “resistencia a los malentendidos”. El texto da cuenta de su creciente popularidad que recorre la región, alcanzando el estatuto mítico: “le reconocen sus famas, que le han crecido, sin él saberlo…”.


En su encuentro con el hijo de aquel padre que asesinó, Aballay  ya tiene el aspecto de un estilita, Di Benedetto escribe: “podría parecer un santón”, “está en harapos”, “trae templados los ojos, pero decididos”. Está conversión, tanto física como espiritual asemejándolo con los estilitas y anacoretas, expone la apropiación de un mito para reconstituirlo bajo una nueva forma.  El niño que viene a enfrentarlo cierra perfectamente este círculo donde uno paga y el otro venga. Aballay “sabe que el niño, hecho hombre, viene a cobrarse”. La mención al testigo nos da cuenta de una idea de Sino que atraviesa la obra, al igual que en El Sur, done Aballay debe hacerse cargo de su destino, y  que aquella penitencia a caballo, no era más que una larga espera y purgación, antes de asumir su final. El niño lo reta: “Señor, eche pie en tierra”, máximo desafío para Aballay, un Aballay que  lo “padece”  y  no pretende evidenciar los motivos de su negación debido a que parecería “un disimulo del miedo”. El orgullo gauchesco se mantiene latente a lo largo de toda la obra. El duelo se lleva a cabo a caballo, al igual que aquellos retos del medioevo y Aballay enfrenta un dilema, no querer volver a matar, es por ellos que pelea con una caña, y al lastimarlo superficialmente termina bajando por culpa y abrazando la muerte.

La conciencia histórica y cultural en estos textos es de vital importancia, los mitos o pasajes, como en El evangelio según Marcos,  son recreados en el aquí y ahora de modo original, bajo la pauta de que el uso frecuente y la revisión y relectura de viejos motivos, antiguos mitos y tradiciones, son un forma de poner de manifiesto que el quehacer literario no es una búsqueda de lo nuevo, de alcanzar una originalidad como se entiende tradicionalmente; sino, en explorar nuevas formas de percibir lo viejo, el ser creativo con la literatura existente. Este trabajo lleva al lector a sumergirse en lo no dicho del texto. A encontrar el sentido oculto de las palabras y su conjunto. La reescritura de mitos y tradiciones pampeanas predecesoras, adquiere formas reflexivas, donde no se explica ningún misterio, sino se lo resalta. Estos cuentos permiten una ponderación del lector, estableciendo una función comunicativa particular con el lector, donde le tipo de narración hace reflexionar sobre la escritura y lo narrado, en cual la alusión presenta cualidades reveladoras, en cuya trasfondo, el tema principal es la creación de literatura basada en la literatura misma, tomando como artificio el acto de reescribir lo ya escrito. La extensión pampeana que configuran estos mitos no es únicamente literal, la construcción remite a una prolongación de la pampa a través de tradiciones, mitos, géneros, culturas que se constituyen y reconstituyen bajo nuevas formas para dar cuenta de esta extensión inagotable que presenta el mito pampeano y la literatura.

Nov 28, 2011

Entrevista a Inés Garland - Piedra, Papel o Tijera



Escribe Santiago Asorey


 Inés Garland escribe casi con el corazón de la especie. Pertenece a esa clase de escritores rigurosos que no usan a la literatura como excusa. Por lo contrario busca meterse incansablemente en las grietas de sus personajes. Su última novela Piedra, Papel o Tijera fue premiada por ALIJA (Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina). En la novela se hace cargo de la lente opaca por la cual parte de la sociedad percibió a la militancia política en los años setenta. Garland busca algunos manuscritos y borradores escritos en una máquina de escribir. Sirve un poco de té. La luz entra por la ventana del departamento e inunda de naranja todo el living. En poco tiempo va oscurecer.
En uno de tus cuentos uno de los personajes dice que la sensualidad es una forma de vivir. Suena un poco a las palabras de Leopoldo Marechal que dice que la poesía es una forma de vivir también. ¿Hay una conexión entre la poesía y la sensualidad en tus cuentos?
El mundo concreto tiene mucha presencia en mis cuentos. Me gusta contar lo que sucede por detrás del mundo concreto. El mundo concreto a su vez también está lleno de poesía en el modo en que puedas mirar lo que transcurre más allá de la superficie. Lo que pasa, es que si uno está atento, el mundo concreto nos da todo el tiempo señales de lo que está pasando en nuestro interior.
Como en tu cuento El remolino en done el personaje principal se sienta en el muelle y describe el movimiento de los círculos de una hoja en el agua.
Ella está viendo lo que le está pasando por dentro. La hoja es absorbida por un remolino que después la suelta. A veces lo que te rodea te permite diferentes maneras de contar lo que te está pasando.
Ante la insistencia de la pregunta por lo autobiográfico alguna vez contestaste que tu obra se podría leer siempre en clave autobiográfica. ¿Hay algo en la indefinición entre la ficción y lo real que se convierte en el triunfo de un escritor?
Me parece que no existe la realidad. Si dos escritores van a un evento lo van a contar de formas muy distintas. Van a ser dos ficciones. Lo autobiográfico existe en la medida en que uno piense que la realidad existe. Pero si yo te digo que lo autobiográfico es mi ficción. Entonces deja de existir la distinción entre lo autobiográfico y la ficción. Todo nuestro mundo es nuestra ficción.
Deleuze dice que en realidad lo opuesto a lo real no es la ficción sino la fabulación. En tus cuentos la idea de fabulación parece muy presente en tus personajes que realizan pequeñas fabulaciones para inventarse. 


Yo siento que nosotros nos inventamos constantemente. Por eso el arte de la mentira es el arte de la invención. Pero que también somos presos de nuestras ficciones. Cada uno tiene una ficción sobre uno mismo que expresa un punto de vista del mundo. ¿Y la realidad cuál es? Por eso no me gusta hablar de la realidad, sino más bien del mundo concreto. Si vos inventaras que acá no hay mesa, capaz que no hay. Nosotros armamos nuestra realidad. No creo que sea algo que suceda aparte. Cuando era adolescente y estudiaba filosofía, me peleaba con mama y le decía yo ahora me voy y dejo de pensar en vos. Y vos dejas de existir. Mama se volvía loca y yo estaba convencida de que era así. Entonces si hay tanta realidad para un lector es porque debe estar bien escrito. Pero eso no quiere decir que me haya pasado en mi vida ni mucho menos. Después lo que manda es el relato. Y podes usar cosas de donde quieras; de tu vida, de anécdotas, o de lo que le pasó al vecino, cosas que te sirven para construir el relato. Pero el relato tiene una fuerza propia. Más allá de lo que vos hayas querido escribir. Yo no domino el material. El material me toma y yo trato de hacer lo mejor posible. A veces comienzo con una imagen, que puede ser tomada de mi autobiografía o no y la elijo como punto de partida para hacer nacer el relato.
En piedra, Papel o Tijera, hay una confrontación ideológica-afectiva de los conceptos que los distintos personajes tienen del río. ¿En relación a la época de la última dictadura que es la época en donde transcurre la historia como pensaste el concepto del río?
Yo empecé contando sobre el amor por el río pero después escribí sobre el río que se tragaba cualquier cosa y ahí entendí algo más sobre lo que quería decir la novela. Cuando quise contar esa historia reflexioné sobre el río de una forma distinta, por primera vez. Pensé cómo el río se había llenado de una connotación macabra. Alguna vez en mi adolescencia, cuando tenía dieciséis años, me tire al río y pensé en la posibilidad de tocar un cuerpo ahogado. Siempre nos decían que cuando nos tirábamos del muelle tuviéramos cuidado con los troncos sumergidos. Pero nunca había pensado en que podría haber un cuerpo sumergido. Y se me cruzó esa idea en esa época, en la cual yo vivía en una burbuja. Yo no sabía lo que estaba pasando en ese tiempo. Fue impresionante para mí haberme enterado años después de los vuelos de la muerte. Y la novela también trata sobre la perdida de esa inocencia. En el segundo capítulo, el río empieza con esa capacidad de tragarse todo. De grande también pensé otras cosas. Por ejemplo que lo que para mí era un paraíso, que era el jardín inundado, para los vecinos isleños era un drama. Porque su casa quedaba bajo agua. Esta diferencia enorme entre mi realidad y la realidad de ellos. Eso fue también una de las cosas que me llevó a escribir la novela.
Tus personajes están atravesados por mandatos. ¿La escritura puede ser un acto de resistencia ante esa sujeción?
Sí, porque los mandatos son aquello de lo que no se habla. Yo quiero escribir sobre aquello de lo que no se habla. Sobre las cosas que por mandato no hay que poner arriba de la mesa. Es un poco lo que hace la literatura, poner las cosas arriba de la mesa. Son cosas que todos sabemos pero por convención no se dicen. Hay medios sociales más represivos que otros. El medio en el que yo crecí es muy represivo. Y en eso la escritura es totalmente un acto de resistencia. Y puede ser leído como un acto de denuncia. Aunque mi idea nunca haya sido denunciar nada. Simplemente contar, sobre la miles de percepciones que tenemos y la falta de hábito de expresarlas, algo que es común a todos pero que en otras personas no encuentra modo de salir. Lo llevamos todo en el cuerpo como un peso enorme. Cosas que no expresamos y no compartimos. Todos nos sentimos únicos en nuestra miseria más profunda. Pero cuando podés contarlas te das cuenta de que las miserias son compartidas.
¿Siempre pensaste la escritura así?
No. Ahora, reflexionando… Yo empecé a escribir porque necesitaba hablar de cosas que no tenía otro modo de abrir. Es que ahí aparece el problema de la libertad. El mandato de callarse o ser muy correcto. El problema de qué es lo que hay que sentir o qué es lo que hay que pensar.
Alguna vez dijiste que “Si ves a tu vida como un juego finito, dentro de un juego infinito, lo banal podría ser tomarse a sí mismo en serio.” ¿Qué espacio ocupa el juego en tu literatura?
Me refería a pensar la vida como juegos finitos dentro de un gran juego infinito. Todas las cosas que hacemos y vivimos. La idea de que todo es un juego. Según los días y según como este yo, todo me parece un juego. Me parece que el gran mal es sentirse demasiado importante. O sentir que todo lo que hacemos es trascendente. Detesto la solemnidad como rasgo. El juego infinito nos muestra que en realidad el tiempo es un detalle y tu vida es un detalle. Y todo el tiempo te están cambiando el juego finito, los jugadores y las reglas. Porque existe un plan más grande, en el cual vos estás inmerso. Ese es el juego infinito del cual es difícil tomar conciencia. En nuestro juego finito, hay juegos más banales y menos banales. Pero habría que ver el juego en su totalidad para ver qué es banal y qué no lo es dentro de la vida de alguien.
Según Fabián Casas pensarse dentro de la literatura argentina a él no le permite escribir. En tu caso, ¿te pensás en una relación con la literatura argentina?
Nunca, ni me lo planteo. Nunca se me ocurre pensarme dentro de la literatura argentina. Es un problema que tengo. Es como si fuera una abstracción que no forma parte de las cosas que me ocupan. Obviamente cuando me publicaron fui feliz y me encantó. Y sé que para otros podría significar; ahora formas partes de la literatura. Ahora que me lo dijiste estoy nerviosísima (Risas). Yo no me defino como una intelectual. Y eso a veces me hace sentir mal y a veces me hace sentir bien. Las discusiones bizantinas intelectuales no me interesan en lo mas mínimo. Me interesa el problema de la vida. Pero tal vez me vean como poco abstracta. Leo desordenadamente. Tengo un registro rarísimo de lo que leo. A veces me acuerdo de una escena o una manera de decir algo. Pero a veces no hago abstracción. A tal punto que una vez escribí un cuento entero de una mujer que vivía la vida de otra mujer y después me acordé de Lejana de Cortázar. Y había leído Bestiario varias veces en mi adolescencia, pero me lo había olvidado. Y me sentía genial escribiendo algo que ya estaba escrito.
Pero lo que me interesa es contar las historias y el modo de contarlas. Y no hago mucho estudio sobre eso. No pienso en la crítica cuando escribo, ni en mis pares escritores. En muchas de las charlas literarias les preguntan a los escritores qué autores les interesan y se tiran nombres solamente y no me parece muy interesante. Preferiría saber por qué te interesan esos escritores. Por ejemplo: me gusta Samanta Schweblin porque me parece raro y original lo que escribe. “Matar a un Perro” es un cuento escrito como los dioses. Por ejemplo: me gusta lo que escribe Pablo Ramos, porque su escritura es feroz. Porque me deja resonando todo lo que dice. Me conmueve profundamente. He llorado leyendo cuentos de él. Lo que me parece que no sirve es que en esas grandes charlas literarias se tiran nombres y “El mejor escritor argentino es tal“. Y te de ganas de decir “Pará, ¿pero vos leíste todo lo que salió en el último tiempo para decir quién es el mejor escritor argentino?”, independientemente de los que dicen “El mejor escritor argentino soy yo”. Todo eso para mí sí es banal. Si estás o no dentro de los mejores escritores argentinos. Son disquisiciones que no me interesan. Me interesa la relación con la literatura, como la relación con otras personas. Hay gente que te interesa y hay gente que no. ¿Y el por qué? Andá a encontrar.
Publicado el 13 Julio de 2010 en la Revista Hamartia.com.ar

Nov 16, 2011

Entrevista a Pablo Ramos - La Ley de la Ferocidad

 Escribe Santiago Asorey

Pablo Ramos nació en 1966 en Avellaneda. Publico el libro de poemas Lo pasado pisado (1997), las novelas El origen de la tristeza (Alfaguara, 2004) , La ley de la ferocidad (Alfaguara, 2007), En cinco minutos levantante Maria (Alfaguara, 2010) y El sueño de los murciélagos ( Alfaguara, 2009), que recibió el galardon The White Ravens. El libro de relatos Cuando lo peor haya pasado (Alfaguara, 2005), obtuvo el primer premio del Fondo Nacional de las Artes (2003) y el primer premio en el concurso Casa de las Américas de Cuba (2004). Su obra ha sido traducida al francés, al alemán y al portugués.
Tres de la tarde. La luz del sol entra por la ventana. Un perro ladra a lo lejos. Pablo se levanta a buscar té a la cocina. Veo a través del techo transparente. Nubes y cables en el cielo. El gato de Pablo camina por el techo como un fantasma. Debe recorrer todos los techos bajos de la Paternal, los debe conocer como nadie.  Pablo vuelve y se acomoda en la silla. Sirve un poco de té.
¿Te puedo preguntar unas cosas sobre La ley de la ferocidad? (Lo dije tan rápido y tan por lo bajo que no se me entendió.)
¿Qué?
Te voy preguntar unas cosas sobre La ley de la ferocidad.
Lo que quieras.

En la parte en que Gabriel llega al velorio y se enfrenta al cajón, hay tres páginas seguidas de metáforas. Hay una manera muy particular de concebir la metáfora. Como si esta fuese un límite fronterizo de lo que Gabriel puede decir literalmente. ¿Cómo sentís que funciona este pasaje?
Exactamente así, me parece una buena lectura. Funciona la metáfora construida lejos de querer embellecer algo o alivianarlo. La metáfora como imposibilidad de decir de otra manera algo. Como el límite de la capacidad de Gabriel Reyes para decir las palabras que no tienen sinónimo que a él le pudren el alma. De alguna manera, esas metáforas tienen que ser exageradas o fallidas, porque si hubiesen sido acertadas no intentaría otra, y esa lista podría haber sido interminable. Tratan de expresar lo que sienten el que es violentado. Lo que siente el chico que es golpeado. No hay palabras para explicar todo ese dolor. No intento construir una metáfora perfecta. Sino a través de un montón de metáforas imperfectas expresar que no hay palabras para decir lo que quiero decir.

Hay una frase de Bukowsky que dice que Es el intento de escapar del sufrimiento lo que crea grandes escritores“. ¿Sentís que se puede pensar la Ley de la ferocidad bajo estos términos?
Hay un montón de gente que intenta escapar del sufrimiento a través del alcohol, a través del sexo, a través del trabajo, a través de las drogas, a través de la religión. Algunos a través de la literatura. Esta buenísimo lo que dice Bukowsky. Podemos cambiar la palabra escapar por correrse. Uno puede correrse y entonces puede ver todo más tranquilo para poder ordenar el alma. Abelardo Castillo dice que uno no corrige texto, corrige persona. Escribir y corregir un texto es corregirme. Es un trabajo espiritual que me aleja del dolor. Sencillamente porque me pone en otro carril. No quiere decir que deje de sentirlo. Sí quiere decir que deje de resentirlo. Poder convertirse en un organizador de eso y decir “Ahí quedo, y se lo doy a los otros“. Es como si fuese una forma de cinismo.

Hay una forma muy particular de concebir al personaje de Gabriel, como si hubiese una armonía entre la parte física, intelectual y espiritual. Especialmente haciendo hincapié en la experiencia física del personaje, hay inclusive como una nueva forma de concebir al personaje. ¿Qué escritores te impulsaron a considerar la literatura como una experiencia física y no meramente intelectual?
¡Si es algo muy viejo y no lo inventé yo! Está en todos los grandes escritores. Pasa en Hemingway, pasa en Faulkner, pasa en Onetti, se nota menos pero pasa. Pasa en Arlt, En Donleavy, en Salinger, en Carver, en Cheveer, en Nabokov, en Chejov. En Shakespeare. Pasa todo el tiempo. Es realmente entender que desde el personaje está la construcción de la historia. Por eso es muy interesante la vivencia personal. Tratar de prestarle experiencia al personaje que en rigor es un invento plenamente intelectual. Si nosotros no le prestamos carnadura, el artificio queda muy alejado del lector. Cuando se construye un personaje mujer -por ejemplo: una prostituta- se necesita prestarle algo de lo que tenés cerca, de lo que uno ve. El lector así va poder vivir las emociones como una realidad. Cuando lee una novela, no deja de vivir la realidad de una novela. Tanto es así que uno a veces se traspasa. Y te pregunta un amigo o una novia “¿Qué te pasa?” No, nada“. Después salís pero te quedaste colgado con lo que estabas leyendo, aunque nadie esté sufriendo. Cuando pasa eso es que el escritor logró algo. Por ejemplo, la realidad del Quijote, quién no la vivió. Esa angustia. Esa ilusión. Fíjate que Cervantes fue muy inteligente en construir un personaje como Sancho Panza, porque él es el que sufre por su amigo que no se da cuenta de lo absurdo de su aventura. Y a través de él, que es un personaje un poco mas anclado en la realidad, le llega al lector esa emoción.

¿Sentís que puede haber innovaciones en la literatura a través de nuevas concepciones del personaje? Por ejemplo Shakespeare, otorgándole la dualidad a sus personajes, o en tu caso, Gabriel y su construcción del artificio del cuerpo.
No porque sea una innovación en la literatura, si no porque cada uno tiene que encontrar, ante cada libro, una nueva forma. Porque la aventura de escribirlo es completamente nueva. Y una vez que se encuentra al personaje hay que encontrar el lenguaje de ese personaje. Hay que respetarlo, hay que profundizarlo. Porque profundizando el lenguaje se profundiza el personaje. Un personaje construye su lenguaje y a la vez es construido por ese lenguaje. Es una simbiosis. Como el Ying y Yang. Encastrados el uno y el otro. Se empujan y se acompañan al mismo tiempo. Da la sensación de que van a girar, que el equilibrio es un movimiento. La construcción del personaje es lo mismo. La aventura la vive el escritor que está comprometido con lo que hace, que se va olvidar de todo lo que escribió y va escribir ese libro como la primera vez. No siendo Pablo Ramos. Siendo nadie. Siendo el personaje. Siendo el vehículo para que el libro funcione. Por eso lo que dice María Zambrano es buenísimo. Ella dice que la vanidad es el peor enemigo del escritor. Porque mete el Yo del escritor, que nada tiene que hacer ahí y lo pone en juego. Por ejemplo ayer escuché en el taller un cuento que decía: “Le puso al perrito el termómetro en el culo. Y lloró. (El perrito, no el veterinario).” Ese tipo de cosas son terribles. Cuando se mete el escritor a decir, “Mirá, yo te hago un chiste. Yo soy inteligente. Yo te guiño el ojo“. En ese momento se desdibuja el artificio del narrador y aparece el ego del escritor que no estaba invitado a la fiesta y rompe el ensueño para siempre. El lector ya no lo recupera.



¿Te sentís parte de una tradición literaria argentina o latinoamericana? ¿Sentís que La ley de la Ferocidad puede pensarse en relación a las novelas existenciales desbordantes como lo son Los siete locos, o La vida breve?
No sé si merezco semejante honor, eso lo dirán los demás cuando me muera. Lo que sí es que no desconozco esa tradición. No me jacto de no reconocerla. La respeto, la admiro, y veo muy arriba a esos grandes maestros de la novela y la cuentística latinoamericana. Nadie puede escribir desconociendo a Conti, a Costantini, a Castillo, a Heker, a Manauta, a Mujica Laínez. Sería un absurdo. No sé si continúo o no una tradición. Lo que sí traigo a la discusión es el hecho literario como un acto trascendental, en donde uno tiene que poner y dejarlo todo. Tratando de revalorizar esa idea de Sartre de que en el origen y en la necesidad de una obra está el verdadero valor. Después uno puede trabajar ese material mejor o peor, a conciencia o no. Esto se ve en pocos escritores actuales. Hay muchos con mucho talento que se olvidan de eso. Por suerte hay escritores como Fabián Casas y Samanta Schweblin.

¿Te preocupa que se tenga en un pedestal a escritores como César Aira?
No, porque me parece que no todo el mundo lo tiene en un pedestal. Los medios lo tienen en un pedestal. Acá parecería que todo pasa por los medios y no hay cosa más degradada que el periodismo.
El marketing de la literatura…
Seguro, a quién le importa eso. Aparte César Aira es un tipo con mucho talento pero le falta espíritu. Es como la Selección ayer. (La Selección Argentina de fútbol había perdido el día anterior O-2 contra Ecuador). Está llena de talento, pero sin espíritu no hay nada. El espíritu lo tienen los otros. No tienen nombre, no tienen nada pero tienen hambre y te pintan la cara. Pasa eso en la literatura, hay poco espíritu, hay una cuestión más inmediata de publicar y pertenecer a un mundillo y ser parte del canon. ¿Quién dicta el canon? Hay un camino más silencioso, más real. Por suerte tengo la ventaja de que no me preocupa ni el dinero y la fama. Al que le preocupa eso tiene un problema. Cada vez que vez leo las últimas novelas de Guillermo Martínez, pienso que ese talento se podría explorar más. Está bueno lo que hace. Pero atenerse a una formula por más matemático que seas, es bastante pobre. Donde menos aparece evidenciada la experimentación, es donde más está. Cuando hablan de literatura experimental… Yo hago literatura experimental. Con cada libro dejo todas las formulas viejas y busco las nuevas para ese libro. Eso es experimental. No se trata de sacarle las comas a un cuento. Hay artistas que no tienen capacidad para ver más allá de la superficie de las cosas. Y se sienten bien porque aprendieron a describir la superficie de las cosas. El otro día hablaba con Diego Schissi, el pianista que tocó el otro día con Ernesto (Snajer) y conmigo. Y me di cuenta de que él era más escritor y poeta que todos los escritores y poetas que yo conozco. Es incapaz de ver las superficies de las cosas. Es incapaz de no profundizar. Está hablando de una birome y termina hablando de un mamut. Y decís “Está bueno lo que dice este tipo”. ¿Qué es lo que él ve? ¿Cómo une esto con lo otro? Mientras todos se hacen famosos tocando con Los Piojos, el tipo está estudiando, tocando el piano como un loco, de la mañana a la noche.
¿Cual sentís que es el rol de escritor en la sociedad actual?
Hoy el escritor no tiene ningún rol. Excepto pedir. Piden, piden, piden. Y se premian y se juntan. ¿No viste la pelotudez esta del “Diario de un escritor fracasado“, del tipo este que va y no lo editan, contando su drama personal? ¿No bajó nunca a un subte a la nueve de la mañana y vio a los pibes descalzos tirados? ¿Nunca vio a la noche, cuando en Buenos Aires oscurece un poco, en cada rincón alguien tratando de no morirse de frío? ¿A mí qué me importa que no le publiquen al pelotudo este? ¿Cómo se llama? ¿Hernán Brienzo?
Hernán Firpo.
Más allá de eso, él puede ser un buen o mal escritor. No lo sé. ¿Pero a quién le importa eso? ¿A él le importa tanto eso? ¿Qué le debe la sociedad a él? Uno por naturaleza siendo escritor está fuera del sistema. Si no tengo para pagar algo para mis hijos, no me voy a poner a llorar porque no tengo tarjeta de crédito. No la puedo tener. No estoy trabajando para eso. Estoy trabajando para otra cosa y mi precio es ese. Como lo que dice Rilke en “Carta a un Joven Poeta“. Esto de organizar la vida según la necesidad de escribir. Llevo esto con toda la dignidad y el peso que esto implica. Me preocupa lo contrario cuando me siento reconocido y no puedo escribir. Y digo “Tengo que cortar con esto”. Porque necesito escribir, a esto le dedico mi vida. Y va haber problemas. Cuando necesité comprarme la casa no escribí, me puse a trabajar con la empresa. Trabajaba jornadas de 48 horas sin parar, metiéndome anfetaminas. De la misma manera ahora mi compromiso está con lo que escribo. Publiqué cuatro libros, pero tengo cuatro más escritos, que los estoy trabajando. De alguna manera de ahí viene mi misticismo que es muy concreto. Tuve una educación católica, creo en Dios. Lo más aproximado a Dios para mí, es el Dios judeocristiano. Yo funciono así, y no me cuestiono tanto la cosa. ¿Sabés por qué despega un avión para mí? Porque rezo un Ave María. Y lo voy a seguir haciendo toda la vida. Me digan lo que me digan. Si en cada lugar que estoy, y en cada lugar que salgo, salgo por lo que soy, sea para los demás defecto o virtud. Para algunos será signo de mi ignorancia, no lo sé. No es mi problema ese. Mi problema es qué hago de ahora en más. Todos los días me levanto y me pregunto qué hago ahora. ¿Qué es lo que tengo que dar? Me parece que ese es el lugar del artista. Hay muchas esponjas, parece que están secos y son tomadores. Más allá de la aceptación de la academia. Por algo ellos estudian lo que uno hace. Ellos van a estudiar lo que yo hago. Aunque sea para defenestrarlo. Pero la diferencia que es yo lo hago. Toda mi vida estuve del lado de lo que hacen cosas. Desde chico, con mi hermano me unen esas cosas. El día que escuchamos que las cosas andaban mal en casa y que mamá iba a ir a limpiar casas, nosotros nos miramos y sabíamos que eso no iba a pasar y salimos a trabajar. ¿Entonces qué? ¿Le voy a tener miedo a lo que diga Elsa Drucaroff y Beatriz Sarlo? A mí que me importa. Es muy sencillo, para mí ni siquiera es un problema. Si a los doce años yo estaba trabajando…
(El timbre, hay alguien en la puerta. Pablo se levanta.)
Ya vuelvo, esperá.
El cielo se nubla. La biblioteca. El polvo sobre los libros. La bolsa de Box. Los guantes rojos en el piso. ¿Qué va pasar con la casa ahora que Pablo se va? Supongo que la va a cuidar su hermano. Se terminó la entrevista. Esta fue la última posibilidad. El sonido del grabador llena todo. Ruido de agua detrás de las paredes. Bajan las sombras por la ventana. La tarde se escurre en el cielo.

Jul 3, 2011

Fabián Casas en la FUC (5/07/2011)


Convocamos a todos los quieran asistir el Martes 5 de Julio a las 19:00 hs a una mesa de debate sobre las relaciones y tensiones entre Cine y Literatura en el campo cultural contemporáneo, Fabián Casas participará como orador principal, en el microcine de la Fundación Universidad de Cine,  Pasaje J.M. Giuffra 330, entre Defensa y Estados Unidos (San Telmo). La mesa de debate contará con uno de los fundadores de Kilometro 111, Domin Choi como moderador.

Fabián Casas nació en el barrio de Boedo en 1965. Publicó los libros de poesia Tuca (1990, 2006), El Salmón (1996, 2007), Oda (2003), El Spleen de Boedo (2003) y El Hombre de overol (2007). En narrativa, Ocio (novela, 2000, 2007) , Los Lemmings y otros (2006) y Ensayos Bonsai. Sus textos y poemas fueron traducidos al alemán, inglés, francés, armenio y portugués. En Alemania ganó el prestigioso premio de la Fundación Anna Segher 2007.  En 2010 se estrenó la pelicula Ocio, basada en su novela y dirigida por Alejandro Lingenti y Juan Villegas. 



 Comics

Durante mi luna de miel
con la droga
Caronte me llevaba de paseo
en un taxi fino y rojo.
Yo nunca bajaba las ventanas
ni permitía que me pidieran dinero
en los semáforos.
Después, todo pasó.
De ese tiempo me queda
un beso frío en el hígado
y cierta arqueología
en la paranoia.






Me detengo frente a la barrera

Me detengo frente a la barrera.
Es una noche clara y la luna se refleja
en los rieles. Apago las luces del auto.
Está bien, pienso, es bueno que nos demos un tiempo.
Pero no comprendo nuestra relación;
no sirvo para eso. ¿Acaso serviría de algo?
Tu padre está enfermo y mi madre está muerta;
pero igual podría ir y tirarme encima tuyo
como todas estas noches. Eso es lo que sé.
Ahora la tierra vibra y un tren oscuro
lleva gente desconocida como nosotros.


Fabián Casas
http://www.facebook.com/#!/event.php?eid=160863557316773

May 24, 2011

“Estrenar una película de Caicedo en Cali fue como estrenar una película de Maradona en la cancha de Boca”

Entrevista a Francisco Forbes.
 

Francisco Forbes es junto a Alvaro Cifuentes, el director de Noche Sin Fortuna, el flamante documental sobre la obra de Andrés Caicedo, el escritor latinoamericano mas visceral de los últimos cuarenta años. Forbes reflexiona Leyendo bien los diarios de Caicedo, uno siente que gran parte de su locura provenía de confundir realidad con ficción. Al final él casi termina viviendo su vida como si fuese una película”. A treinta y cuatro años de la muerte de Caicedo una entrevista sobre el documental que reflexiona sobre el mito y el fantasma que vuela sobre las tierras de nuestro continente.

¿Contame cuando y como nació el Proyecto?

La idea nació en la primavera del 2008.  Originalmente mas que una película sobre Caicedo, lo que queríamos era hacer unas series de documentales sobre artistas latinoamericanos. Ese año sabíamos que viajábamos con Alvaro a Colombia. Se daba justo la casualidad que había también un sonidista amigo nuestro viviendo allá. Nos fuimos un tiempo largo, dos meses y ya veníamos pensando en producir algo durante el viaje.  Justo habíamos visto la película de Ospina y Mayolo, Agarrando Pueblo al mismo tiempo que habíamos descubierto a Caicedo. Hasta ese entonces yo no había leído nada de él. Empecé a investigar sobre Caicedo. Había leído una crítica de Fabián Casas que fue un punto de partida importante. Nos pusimos en contacto con Ospina antes de viajar. Cuando llegamos lo conocimos y nos empezó a pasar contactos. Realmente fue muy intenso el rodaje e investigación en Colombia. Poco tiempo pero mucho trabajo. Filmamos treinta horas en trece días en Cali y en Bogota.

En el documental hay una distancia con la figura de Caicedo que en los documentales de Ospina sobre Caicedo no hay. ¿Cómo ves esto?

Esa idea surgió con la presentación de la película en Buenos Aires. Mucha gente después de la proyección nos vino hablar de eso. Por un lado como cambio el recuerdo de los entrevistados en nuestra película en relación a la de Ospina. Por otro lado el hecho de que la película de Ospina es un homenaje a un amigo. Mientras la nuestra es la observación de un artista que nos parece alucinante. Pero sin querer elevarlo a calidad de mito. Sino pensarlo mas como un misterio. Es increíble que esto haya pasado en Colombia en los setenta, que Caicedo haya escrito tantas cosas, que se haya muerto a los veinticinco años. El día de la muerte de Caicedo es una ficción inagotable. Sobre todo por las cartas que él escribe. Jaquear a los entrevistados no era algo que buscábamos. Esto de no resistir el material de archivo no nos interesaba tanto. Si un poco plantear el problema a partir de la idea de Caicedo de que vivir mas que 25 años es una vergüenza.

¿Como se trabajo la escena de Patricia leyendo la carta de Andrés? En algún aspecto es una escena reveladora. Ella al final dice que hay partes de la carta que son poco interesantes.

La entrevista a Patricia fue larguísima. Creo que fueron más de dos horas. La elección de poner la carta y descartar todo el resto de la entrevista es una decisión fuerte. En algún punto se puede interpretar como mira que indiferencia esta mujer. No lo veo así. Me parece que la decisión de poner únicamente la carta y no las otras partes en donde se podía ver que ella a Caicedo lo quiso y lo quiere mucho era mucho mas interesante como cierre de la película. Nosotros queríamos que estuviera la carta como texto. Que el espectador que no había conocido esa carta la pudiese conocer a través de la película. En cuanto al comentario al final de ella, creo que revela mucho del personaje. Muestra la distancia que empiezan a tomar los personajes con la figura de Caicedo, quien fue una persona muy importante de su juventud. Pero después a ella le toco otra vida. Treinta años de un matrimonio y el peso del paso del tiempo. Ella dice al final que la carta tiene partes aburridas y en algún punto para ella es cierto y valido que sea así. A me interesa mucho la carta y la leí o escuche como unas dos mil veces. Me llama la atención el tiempo prolongado que Caicedo se tomo para escribirla. El empieza a escribirla a las diez de la mañana y la termina de escribir a las dos de la tarde. Mientras tanto el habla por teléfono, va un lado y vuelve, escribe otra carta en el medio. También nos interesaba la idea del amalgamar todas las voces, como hace Patricia al leer la carta de Andrés y representar su voz. Como también hicimos que la voz en off nuestra fuese la voz de Caicedo en sus textos.

Le película llega en un momento muy especial, en donde la influencia de Caicedo  en la literatura argentina es bastante fuerte. Especialmente en autores como Fabián Casas o Washington Cucurto. ¿Ustedes creen que se va acrecentar su influencia?

Hay una teoría de Álvaro, la cual comparto. La obra de Caicedo tiene ciclos, periodos en los cuales esta de moda y después pasa. Su obra es cíclica tiene momentos en que esta de moda y después pierde un poco de fuerza. Pero las generaciones jóvenes lo van a ir tomando. Es un autor que genera fascinación a partir del enigma que existe alredor de él. Me parece que Caicedo nunca se agota. Constantemente se encuentran cosas nuevas. Hace poco estuvieron Luis Ospina y Oscar Campo y fuimos a comer un asado con ellos. Inmediatamente empezaron a salir un montón de historias nuevas que nosotros no conocíamos. Lamentablemente no teníamos cámaras ahí pero casi que podríamos haber hecho otra película. Oscar Campo contó de Guillermo y Clarisol unas historias increíbles. Nos conto de su involucramiento en el narcotrafico en los noventa y de como se desclasaron. La conclusión que me deja esto es que son personajes muy cercanos a la ficción. Sus vidas son muy ficcionables. Leyendo bien los diarios de Caicedo, uno siente que gran parte de su locura provenía de confundir realidad con ficción. Al final él casi que termina viviendo su vida como si fuese una película

¿Como fue la exhibición?

Por ahora estuvimos en tres festivales. Estrenar en Cali una película de Caicedo fue como estrenar una película de Maradona en la cancha de Boca. Estábamos con un poco de miedo. Podía ser un hit o nos podían correr con palos. Pero por suerte salió muy bien, estuvo buenísimo. Primera función en una sala enorme, con todos los que aparecían en la película y llena de fanáticos de Caicedo. Después estuvimos en Toulouse. Y el tercer festival fue el BAFICI. Hubo buena repercusión de la película, la gente se había entusiasmado. Nos hicieron muchas preguntas. Nos puso contentos que se cumplió el objetivo de la película. Que un montón de gente que ya conocía a Caicedo empiece a descubrir cosas a partir de la película. Y otra gente que no lo conocía, se haya interesado por él hasta obsesionarse.

(Para mas información sobre el entrevistado y la pelicula: http://www.nochesinfortuna.com/ )

Escribe Santiago Asorey










Aug 18, 2010

Rodolfo Walsh, por una idea sobre la literatura.

texto escrito por Santiago Asorey

Rodolfo Walsh en 1956 empezo a escribir la primera novela no ficcional de la historia de la literatura anticipándose varios años “A Sangre Fria” de Truman Capote. Esto es algo que se le reconoce frecuentemente al escritor argentino pero algunos críticos parecen desdeñar Operación Masacre. Como si esta fuese apenas una obra periodística. Operación Masacre transformo a la literatura argentina. Propuso una nueva síntesis entre vida y lenguaje y reubicó el rol del escritor de su tiempo. Construyo una nueva idea que permitió entender a la literatura adentro de la vida y la vida adentro de la literatura. Pero fue aun más lejos, logro que un género periodístico se transformara en un testimonio existencial. En la última edición de este libro la inclusión de la “Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar” cierra a la perfección el movimiento de la obra. Rodolfo Walsh funde su vida en su obra y concluye la transformación de quien fue un intelectual ajeno al Peronismo que al entrar en la historia de los fusilamientos de peronistas y de la prescripción, termina por incluirse en la militancia dura. Operación Masacre nos da la clave para entender la violencia de la lucha armada de los setenta. Revela una generación de argentinos que crecieron bajo regímenes militares a los que se les enseño que la única forma de llegar al poder era la violencia. Lo que mueve a Walsh a escribir es la indignación y la rabia frente a la impunidad. Walsh escribe “de un tirón y en caliente”.

Osvaldo Bayer lo explica de esta manera en el prólogo de la última edición de Operación Masacre, “Walsh es el mejor personaje de la literatura argentina. Apenas un detective de una novela policial para pobres. Que no va morir nunca”. Se convierte en personaje pero es apenas un hombre común, un hombre real que sangra y que se anima e investigar. La figura del detective se transforma en la del comprometido político que pone en riesgo su vida para llegar a la verdad de los crímenes.
Se ha objetado la nomenclatura del genero de Operación Masacre bajo el termino de novela no ficcional, intentando argumentar que es mas preciso el de relato testimonial. Lo que se argumenta es que la lectura de Walsh como literatura no permite leer a los muertos de José León Suarez y el hecho político. Este problema se debe a la igualación de la literatura con la ficción. Para la obra de Rodolfo Walsh, entender a la literatura como lo ficcional es una operación errónea. Su obra entera nos muestra a la literatura y a la vida como un todo, un organismo vivo con tensiones. Esta operación vanguardista nos permite leerlo como literatura y como realidad. Walsh proclamaba un nuevo tipo de arte cercano a lo documental, pero poniendo en juego la subjetividad. Esa es la verdadera diferencia entre Operación Masacre y A Sangre Fría de Capote, Walsh no intenta disimular la rabia, la indignación, la transformación propia, que a su vez es la transformación de la sociedad. Por estas razones Operación Masacre es ante todo una obra maestra de la literatura.
Esta forma de concebir a la vida y a la literatura nos permite una clave para la lectura de gran parte de la literatura latinoamericana contemporánea, desde la obra del colombiano Fernando Vallejo hasta Pablo Ramos y Fabián Casas en la Argentina, en ellos no hay necesidad de rastrear los límites fronterizos entre lo real y lo ficcional y mas cuando estos han sido cuidadosamente borrados. Cuando la crítica quiere clasificar a estos autores bajo lo autoreferencial o lo autobiográfico se fracasa en el sentido en que la lectura estructuralista se vuelve absolutamente plana. No puede soportar la no clasificación de las obras. Heidegger en Carta al Humanismo reflexiona, “Si el hombre debe encontrar de nuevo el camino hacia la proximidad del ser, entonces tiene que primero aprender a existir en lo innominado.” En esa dirección podríamos llegar a tener lecturas mucho mas interesantes de las producciones artísticas que nos han atravesado.

Volviendo a Walsh para ser mas claro déjenme ponerlo de este modo. Creer que leer a Walsh como literatura es despotizarlo es un concepto erróneo. Lo que se propone es mas bien el movimiento contrario, de politizar la literatura. Combatiendo como menciona Piglia en una entrevista a Walsh a una idea de la literatura. En esa misma entrevista de 1970 Walsh responde, “Se trata de volver a convertir a la novela en un vehículo subversivo, si es que alguna vez lo fue”.Su interés era superar la noción de la novela burguesa que no podía ser nunca un vehículo subversivo. En este sentido lo que le menos le importaba era la nomenclatura. Su valor fue darle a la literatura, una nueva novela de avanzada anclada en lo real de tal forma que pudiese actuar bajo nuevos términos en la realidad. Cuando modifica en Operación Masacre la cita literaria por la de Fernández Suarez está ejecutando una operación simbólica. Walsh buscaba que el libro actuara políticamente en el orden de lo inmediato, que hubiera justicia. Sin embargo lo que resulta paradójico es que Operación Masacre resulto más efectiva como configuración político y literaria en el largo plazo, que en el corto plazo por lograr justicia para los muertos de José León Suarez.