Showing posts with label Daniel Auteuil. Show all posts
Showing posts with label Daniel Auteuil. Show all posts

Aug 9, 2011

Haneke y la ontología de la imagen cinematográfica

“The genre film, by definition, is a lie. And a film is trying to be art, and therefore must try to deal with reality. It cannot do this by means of lies.”
- Michael Haneke[1]

Michael Haneke es un autor obstinadamente baziniano. A través de su teoría y sus films, se combina por una parte una concepción del realismo con un imperativo ético. Porque en ellos, el “plus de realidad” se asume como una pretensión –obligación- de contar la verdad que se materializa no sólo en la antigua negación del montaje del teórico francés. Una verdad que se entiende como tal, en tanto reniega de la “falsedad del entretenimiento” a través del cual el cine de género se consuma. Para Haneke, el entretenimiento es un problema moral.
La pureza del arte en tanto forma de ordenamiento de una realidad caótica, se opone a la realidad en su impureza absoluta. Así es cómo suelen entenderse las leyes del género en relación a la experiencia de la vida. No obstante, el gesto realista tanto para el teórico francés como para el director austríaco, radica justamente en el deseo de captar esta realidad en su dimensión impura y caótica. Haneke sigue pensando que la verdad es algo que todavía – aún después de la emergencia del cine moderno- permanece como exterior al cine y que él tiene la obligación de retratar. Haneke, al igual que Bazin, debe olvidarse de que el cine no es la realidad – y/o la verdad – para elaborar su teoría.
En “Caché”, el protagonista Georges Laurent, trabaja en una sala de montaje. Además de conducir un programa literario se ocupa de editar las imágenes que en él se producen, descartando aquellos fragmentos que considera aburridos. Paradójicamente, el argumento del film gira en torno a una serie de videos que su familia recibe y que – captados en plano secuencia - toman por objeto ni más ni menos que la fachada de su casa. Como una extrapolación simpática de la teoría baziniana, en “Caché”, a la proliferación de las imágenes montadas de la televisión, se le opone amenazante, la “realidad en estado puro” que manifiestan los videos tomados en ausencia de cortes, cuyo valor horroroso radica justamente en esta falta. En el film, el conflicto no se entiende tanto como un problema de argumento tradicional, sino que se presenta como la irrupción de un lenguaje retratado como PRE-simbólico (la realidad) que amenaza la sintaxis de una lógica fílmica que no puede sino avanzar a través del encadenamiento de imágenes montadas. El ¿quién manda los videos? resulta el interrogante en torno al cual la película gira, aparentando dichos tapes un origen fuera del espectro de conocimiento de los personajes: la realidad. No sólo es que los videos se presentan en estos términos –la ausenta de montaje-, sino también que pareciera verse  plantado su germen en un estadío exterior a su mundo ficcional.
Lo que plantea “Caché” es un cristal con grietas, en tanto que la experiencia y el punto de vista del espectador para con los sucesos, están mediados por los personajes. Pero esencialmente, lo interesante del film, radica en la doble naturaleza de este cristal: no se trata ya de una operación unilateral (la experiencia del cine mediada sólo por los personajes) sino que son los mismos personajes quienes también se dan vuelta para buscar al espectador (el espía, artífice de los “tapes” e instancia de realidad). Aunque claro, las grietas y la opacidad del cristal impedirán su encuentro.
En “La pantalla fantasmática”, Serge Daney escribe que para Bazin la imagen cinematográfica es objeto de una incesante denegación, de un “sé muy bien que la imagen no es la realidad, pero aún así…” Es por ello que Daney observa que la falencia de la teoría realista del cine radica en que su horizonte, se dispone como la muerte de su propio objeto. Si la tentativa se articula en torno la posibilidad de acercar el cine a la realidad, la consecuencia última resulta en la desaparición del cine. En última instancia, si la realidad/verdad está ahí afuera, ¿para qué lo necesitamos?
El punto es que a pesar de su concepción aparentemente arcaica, Haneke es un autor eminentemente moderno. Porque conciente de la imposibilidad de su concreción, la pantalla de “Caché” le devuelve al espectador aquello que su propia teoría aborta. Esa “se muy bien pero aún así” o bien, ese “a pesar de…” que manifiesta la sobreimpresión de los títulos por sobre el plano final. Un autoreconocimiento de la imposibilidad que se pliega en torno a la posibilidad – ya imposible- del realismo. Cuando el film haya de acercarse demasiado a la realidad, Haneke habrá de rechazarla fundiendo sobre ella los títulos de una construcción: su propia película. Una operación ideológica que no puede sino explicitarse en dicho procedimiento.

Juan Almada

Aug 31, 2010

Caché (2005) - Michael Haneke

"Caché" y el discurso en duda


Abordar la obra de Haneke obliga a problematizar algunos asuntos que la caracterizan en su conjunto. Probablemente la cuestión de la verdad y cómo esta se articula en su discurso estructuren el eje de sus films. El valor que la duda en ellos adquiere resulta esencial para comprenderlos. ¿Qué significan las potencias de lo falso, sino la imagen que se pone en duda a sí misma, el discurso que se asume contradictorio? En las películas de Haneke, a menudo se establece un metalenguaje que cuestiona lo narrado, quizás al acto mismo de narrar. Que revela el artificio y que desnuda la construcción.

En “Caché”, las imágenes que transmite la televisión se descubren como envolturas. Un distanciamiento evidencia que en realidad, no son objeto de nuestra observación directa, sino que esta observación está mediada por la de los personajes. Al mismo tiempo, la pregunta que la película formula repetidamente, es decir, “¿quién está mirando?” se torna redundante. El espectador común, educado en el cine de las respuestas, fracasa en vislumbrar un segundo distanciamiento, la réplica que el film codifica, y que pareciera sentenciar que quien está mirando, es en realidad él mismo. El emplazamiento sobre el cual Caché se construye y que al mismo tiempo busca evidenciar, es que hay un espectador del otro lado, y que en cierta forma el film solo es posible en la medida en que este individuo existe.

En un artículo de Silvia Schwarzbock , se esboza la teoría de que el cine contemporáneo de Hollywood se hace conciente del desfasaje existente entre la impureza de la realidad y la pureza intrínseca a los códigos de un film, incorporando esta oposición al argumento del mismo. Sobre similar operación se construye "Caché". Hemos dicho que las películas solo son posibles en la medida en que alguien habrá de mirarlas, pero al mismo tiempo pareciera haber una separación total entre los Films y la realidad, en tanto que su argumento se cierra sobre sí mismo y la totalidad que conforma, no incorpora la realidad directa e inmediata que tiene a su lado (los espectadores). Pues bien, Caché toma esta oposición y la convierte en el objeto mismo de su argumento: la familia está aterrorizada porque alguien los mira, pero quienes espían son los espectadores del film, ubicados en otro plano de lo existente: la realidad.

Lo que plantea “Caché” es un cristal con grietas, en tanto que la experiencia y el punto de vista del espectador para con los sucesos, están mediados por los personajes. Pero esencialmente, lo interesante del film, radica en la doble naturaleza de este cristal: no se trata ya de una operación unilateral (la experiencia del cine mediada solo por los personajes) sino que son los mismos personajes quienes también se dan vuelta para buscar al espectador (el espía, artífice de los “tapes”). Aunque claro, las grietas y la opacidad del cristal impedirán su encuentro.

Es la mencionada opacidad la que impide que los personajes localicen al espectador, pero al mismo tiempo es esta característica la que imposibilita que el espectador se descubra a sí mismo como artífice de la narración.

De esta forma “Caché” presenta un primer distanciamiento que revela la experiencia mediada (de la televisión al plano), al mismo tiempo que un segundo distanciamiento codificado, revelaría la presencia del espectador (artífice de los videos, y en última instancia “creador” de la obra). Hemos dicho que el argumento de la película se construye sobre la presunción de que alguien está espiando, acechando desde la oscuridad. Algo que la experiencia extrafílmica confirma, dada la existencia de un espectador que se sitúa en la oscuridad de la sala. Por ello, la narración que articula “Caché” solo es posible en tanto y en cuanto la obra es objeto de visión, y en tanto la misma es consciente de ello.

Aquí, la crítica que el director dirije contra los discursos verídicos pueda probablemente anclarse mediante esta suerte de autoconsciencia. Recurso que habrá de reiterarse en toda su filmografía y que seguramente constituya la marca que defina su deliberada opacidad. Turbiedad que resulta otra arista en donde films como "Caché" dejan de aspirar a la verdad.

Aunque quizás la cuestión esencial de la obra de Haneke no sea tanto la negación de la transparencia, como la manifestación de una resuelta discontinuidad. Discontinuidad que no solo no deja de expresarse dentro de sus mismas obras, sino que además, constituye una postura con respecto al rol que en torno a ellas asume la realidad. Una postura que se repite y obliga a pensar al cine no como algo para entenderla u asimilarla mejor, sino más bien como su ruptura. Y como un rechazo a la posibilidad de su aprehensión, que en “Caché” se materializa en capas de imágenes que no cesarán de prolongarse, pero que encontrarán un esbozo de totalidad, en el voyeur de la sala.

Juan Almada