Jan 18, 2017

La vida de Pi (2012) - Ang Lee


Desde el inicio,
La vida de Pi se me torna una película decididamente inconsistente. El último proyecto de Ang Lee comienza con una serie de planos dentro de un zoológico destinados a embellecer la vida en cautiverio. Desde estas primeras imágenes es difícil evitar sentir una suerte de provocación a la hora de mostrar la cautividad. Más todavía cuando el film puntualiza en desnudar las pulsiones naturales de vida y muerte en contraposición con la vida regular y feliz del zoológico.

Podría decirse que a lo largo de los primeros cuarenta minutos, el director se ensaña en construir el escenario para explotar el conflicto que va a dar mecha a la trama narrativa. En esta larga secuencia inicial se ancla lo que va a ser la estructura del film. Una entrevista de un escritor en busca de material para su próxima novela que nos va a transportar a modo de flashback a la narración que hace Pi Patel de determinados sucesos acontecidos en el pasado. Es también en estos primeros minutos donde se va a desarrollar el tema de la película: la posibilidad del milagro y la creencia en un hilo conductor divino.  Es menester acotar la banalidad con que el director decidió caracterizar a un personaje en busca de una fuerza religiosa, trivializando los matices de cada religión en mérito del mensaje más superficial y new age: en definitiva todas las religiones conducen a la existencia de una presencia sobrenatural últimamente basada en la fe. Este acto de fe va a ser retomado en el clima y desenlace de la narración donde la fe va a constituir un acto o una decisión en el modo de percibir.


 Volviendo a la secuencia inicial en donde se construye el escenario para disparar el conflicto dramático. Pi huye junto a su familia y todos los animales del zoológico familiar en un barco con destino a EEUU. El buque se hunde y únicamente sobreviven Pi junto a cuatro animales que rápidamente van convertirse en tan sólo Pi y un tigre de bengala refugiados en un bote salvavidas. El desarrollo de la narración va a seguir las aventuras y peligros del naufragio que van a llevar a Pi a interactuar con el tigre, patéticamente llamado Richard Parker hasta el hartazgo, mientras la balsa flota a la deriva. Todo el desarrollo va a estar teñido por una visión adolescente, casi mágica, que responde al orden del story-telling de los sucesos narrados. Antes de continuar, es preciso mencionar el lugar que ocupa el espectador a lo largo de los obstáculos que va a ir sobrellevando Pi. A diferencia de El gran Pez por ejemplo, donde también nos encontramos con una narración maravillosa, el lugar que ocupa el espectador se mantiene entre la tensión de los sucesos narrados y la adjudicación constante de demencia y disparates por parte del personaje-escucha; en La vida de Pi la veracidad del relato nunca es puesta en cuestión a lo largo del desarrollo. Esta es una diferencia fundamental en lo relativo a procederes narrativos. Mientras El Gran Pez trabaja con la ambigüedad, La vida de Pi propone un procedimiento mucho más drástico que también trabaja con la ambigüedad pero de forma retroactiva. El clima y último acto del film, una vez finalizado el relato de Pi, nos abre la interrogante  presentando un relato B, una opción alterna a los sucesos narrados que vuelve a configurar por medio del insight toda la historia. Mientras que el desenlace de El Gran Pez termina por presentar una armonía entre unas y otras formas de percibir, La vida de Pi radicaliza la pregunta ¿en qué creer? justificando la respuesta a partir de un dilema ético basado en última instancia en un acto de fe.

Más allá de la duración excesiva, uno podría concluir que en términos superficiales la película presenta una estructura articulada para hacer del film un recorrido. Lo que termina por socavar la estructura es la carencia de un tono homogéneo. Esto íntimamente relacionado con la supremacía y grandilocuencia de la espectacularidad por encima de cualquier proceder narrativo. El film transcurre filtrado a través de los ojos de un adolescente que nos brinda una visión aniñada del mundo, recubierta de todos los estereotipos con que Hollywood incorpora el exotismo de lo Otro. Entonces más que una visión de mundo, el film evidencia  las construcciones a partir de las cuales una cultura dominante categoriza a ese Otro en privilegio de la técnica. Desde este lugar uno también podría justificar la utilización de la imagen digital para recrear todos los animales que aparecen en el film. Al tratarse de un relato fantástico cuasi infantil, las construcciones digitales sin referente real se corresponden con el índole imaginario del recuerdo. El problema nace a la hora de distinguir niveles de realidad, o registros de realidad propuestos por la propia película. En films como El laberinto del Fauno,  Guillermo del Toro propone contextualizar un momento histórico determinado, y desde ese contexto que se establece como un primer nivel de realidad, presentar el viaje maravilloso de Ofelia que nos va a llevar a recorrer ese mundo a partir de los ojos de una niña. De esta forma confluyen dos registros de realidad distintos que posibilitan y otorgan asidero a la existencia de Ofelia. Nada de esto ocurre en La vida de Pi. Formalmente hay una decisión de establecer dos registros, la entrevista en tiempo presente y el relato maravilloso en tiempo pasado. Sin embargo, no hay ningún tipo de comunicación entre los dos posicionamientos. El desarrollo no prolonga los indicios del acto inicial que deberían remitirnos a una cierta ambigüedad de lo real, como es el caso de El Gran Pez, o a una visión de mundo dentro del mundo, como es el caso de El laberinto del Fauno. La vida de Pi termina tendiendo una trampa facilista. Nos presenta un relato, que especialmente en el desarrollo aclama “aquí está la verdad del relato”, para destruirlo en el acto final presentando una cara alterna en ningún momento sostenida por el desarrollo y pretendida igual de veraz. De esta forma es el espectador, identificado con el novelista, el que de alguna forma debe decidir en base a la “fe” que historia creer.  Esta decisión banaliza por completo cualquier aspiración del film. Es una trampa que proclama una respuesta dada de antemano. 

Jan 12, 2017

Trump: El Egoísmo del héroe y la Victoria de Dos Caras

“Podría matar a una persona en Main Street y no perdería ningún voto”
 Donald Trump

“Esto es lo que tienes cuando una fuerza imparable se encuentra con un objetivo inmovible”
El Guasón, El Cabellero Oscuro

“Cuando toda la cochinada de su sexo y violencia su acumule hasta sus cinturas, las putas y los políticos me miran y gritaran ´sálvenos!´, yo solo los mirare y diré: no”  
Rorsach, Watchmen

Vivimos en una sociedad de símbolos vacíos. Han perdido su conexión los conceptos para los que se utilizaban en antaño. Se podría culpar al marketing, pero solo señalaríamos el síntoma del problema. La culpa también podría caer en el consumismo. Es por el afán de vender cosas innecesarias que se crea el afán comprar cosas innecesarias y con eso viene el afán del abuso de símbolos preexistentes. Lo cual se vuelve como un chiste malo después de rato. Al principio da risa, pero después de que te lo cuentan veinte veces ya te ríes por inercia.

Lo peor de este paradigma es que está empujando a las sociedades hacia la estatización en sociedades más “sofisticadas” y hacia el exceso de transgresión en naciones más “primitivas”. Al perder el vínculo simbólico con conceptos arcaicos, las sociedades “civilizadas” mantienen el statu quo estatizado y, como éste es el capitalismo consumista, se crea una situación donde las naciones “primitivas” pierden el derecho a sus recursos y  se vuelven más competitivas, es decir, exsesivamente transgresivas y violentas. Las dos, a pesar de ir en sentidos contrarios, tienen el mismo efecto: se pierde la noción de lo justo y de lo necesario para que tal sociedad o cultura siga existiendo, derivando en un exceso de violencia tanto externa como interna. Es casi como un suicidio colectivo. Bajo este contexto, no sorprende que Trump haya ganada las elecciones presidenciales estadunidenses hace menos de dos meses.


Ya fue reiterado varias veces: el pueblo americano está harto del statu quo y de las instituciones antiguas como Reserva Federal y el complejo industrial militar. Ambas están en un proceso desmitificación. El pueblo gringo ya no se cree sus antiguos ritos ni que son los héroes bondadosos de la Tierra. Por esto no han elegido un presidente que busca el bien común. Todo lo contrario. Buscaron un candidato racista, machista y estúpido. Ignoraron el temor de las minorías estadounidense y países extranjeros, dejando de lado su deseo de hacer el bien por algo mayor: el deseo de sobrevivir. Si te preguntas porque lo arraigo a Trump a la sobrevivencia solo pregúntate: ¿Qué pasa con un estado-nación que invade insaciablemente otras naciones y da libre pasa a los inmigrantes? ¿Creo que paso lo mismo con Roma no? Y para aclarar yo hubiera preferido que gane Sanders, pero es lo que eligió el pueblo norteamericano.

La imagen de Trump es lo que aparece en el crepúsculo de la visita del Guasón, donde el peor de los transgresores busca romper con el statu quo estatizado creando una anarquía disociativa, volviendo el mismo mundo se vuelve en su contra. La contra de este imagen es uno de los símbolos más peligrosos en el mundo de DC: Batman, aquel que esta tan obsesionado con la justicia que termina desequilibrando el orden natural de las cosas: el constante cambio. La tragedia del Guasón es que termina haciendo lo mismo. Transgrede hasta el punto que desvaloriza los símbolos que son claves para el funcionamiento óptimo de la sociedad, enloqueciendo a sus habitantes, haciéndolos excesivamente agresivos hacia su persona.

La  pregunta clave es: si ésta desvalorización es necesaria y la respuesta dudosa siempre será sí y no; mientras que la respuesta clara es: depende del contexto. Aquí viene el problema del mismo Batman quien interpreta mal el rol del héroe. Su trabajo más bien no es proteger los símbolos ya establecidos, sino reconceptualizar los símbolos ya deconstruidos para desplazar el mismo statu quo. El problema del héroe es que no sabe articular la moraleja del villano  -lo que él mismo reconceptualiza- , por lo tanto, se queda  en el egoísmo del héroe: el deseo de mantener todo como está no porque piensa que está bien, sino porque se siente cómodo.

Otros son los mecanismo sociales que permiten que la moraleja de imágenes, las imágenes del anti-héroe y del anti-villano, en caso de la ciudad de Gotham: Talía al Ghul y Poisen Ivy, respectivamente. El primero tiene el trabajo de filtrar y comunicar reconceptualizaciones del héroe. En otras palabras: masticar la sobrecarga de información de hechos buenos y malos, de acciones heroicas y viles; todo para una simple razón: para que las sociedades  puedan entender qué diablos debe hacer para seguir existiendo. Ahí está la importancia del mismo egoísmo, ya que el héroe entiende las desconstrucciones del villano pero no sabe cómo poner los para que los demás la entiendan. Por eso se queda con la moraleja: porque sabe que si empieza a compartirla se convertirá en aquel contra el que lucha, el villano. 

Por eso Batman es el peor de los ladrones. Se adhiere a una imagen que no le pertenece y lo peor es que malinterpreta tanto que a la sociedad le hace correr el riesgo de caer en la no existencia. Y lo peor es a quién se lo roba porque se trata de una persona que él piensa que ama: Catwomen, la que reconoce la injusticia. Pero la que también reconoce la imposibilidad de cambiar las cosas, por eso roba del 1% y se lo queda, ya que a la vez de ser justa es egoísta. No tanto porque le gusta ser así, sino más bien porque está atrapada en una paradoja: seguir siendo egoísta y por lo tanto heroica o empezar a comunicar su desdén y convertirse en un villano. Es así en la ciudad Gótica, no está claro quién trabaja para quién. ¿Y dónde figura Batman en todo esto? Nada. Ni siquiera debería figurar en el esquema (por eso evito ponerle un titulo) pero para evitar futuras confusiones le pondré einnumerable

Ahí mismo viene el problema de las sociedades modernas: el innombrable se roba la moraleja del villano y el nombre del héroe, quedándoselos para sí mismo, cuando la moraleja pertenece a todos aquellos que la pueden usar y el nombre pertenece a aquel que lo sabe usar. Lo peor es cómo se lo roba: da a la sociedad la esperanza de un mundo mejor cuando simplemente está buscando reinvertir en el mundo ya establecido. Así, el género de superhéroes termina siendo una especie de western invertido. En el western, aparece un héroe para poner orden al caos; en el género de superhéroes, aparece un villano para poner caos al orden con la intención de evitar la estatización excesiva de los símbolos. La importancia de la transgresión es clave porque al estatizarse los símbolos, estos se vuelven vacíos y llevan a la sociedad hacia la paralización. La dificultad de este paradigma es que al paralizarse, la sociedad requiere de la intervención foránea para movilizarse de nuevo.

Aquí está la importancia de Dos Caras. Éste, ni transgrede ni estatiza sino cambia su esencia y estructura constantemente para movilizar la sociedad antes de que se paralice. Por la misma arbitrariedad implicada en su rostro -mitad desfigurado, mitad integro- puede construirse-deconstruirse al servicio de la sociedad.  Por eso enloquece. Porque como la misma sociedad está mal formada, su cara también está desfigurada. Y aqui es cuando pierde el control. La misma sociedad se lo pide porque piden a alguien que los salve, pero a la vez piden que las cosas no se repitan una y otra vez. Y ahí está la gracia de Dos Caras, no está para salvar sino para evitar la eterna redundancia, la estación imparable, la paralización. Batman trabaja para eso: para que las cosas se paralicen. Y lo peor es que piensa que es heroico, no dándose cuenta que al paralizarse, la sociedad toda se paraliza hasta el mismo conocimiento y la habilidad para apreciarla, devaluando el mismo aprendizaje y convirtiendo a la población en unos ignorantes.  


Y al final llegamos a la última imagen, la más importante una vez que viene la calma, la que defiende a los que puede y manda a la sartén caliente a los que no puede: la del anti villano, la de Poisen Ivy, aquel que usa la coerción no a través de la fuerza, sino a través la seducción. Así protege al héroe de su egoísmo, al villano de sus transgresiones y el anti-héroe de sus ponencias. Lo lamentable es que hay uno que no puede salvar y ese es la imagen de Dos Caras. No solo porque se necesita alguien a quien culpar, sino porque al ser una imagen pública no tiene donde esconderse. Es aquél que tomó la posición para cambiar las cosas y al hacerlo se vuelve en un villano, no tanto porque hizo algo malo, sino porque al estatizarse tanto la sociedad, mantener el statu quo se vuelve algo que está bien visto.  Así Dos Caras se sacrifica para los demás, se vuelve el chivo expiatorio para que la sociedad pueda seguir existiendo.  

Volviendo a la imagen de Trump, él se adhiere al de Dos Caras, a la fuerza movilizadora. Aquél que hace lo que es necesario para que las cosas no se paralicen. ¿Y qué va hacer? Cerrar las fronteras para que el país no se llene de inmigrantes, dando la oportunidad de más trabajos y dejar de invadir países ajenos evitando el desdén del resto del mundo –lo cual posiblemente nos salve de la tercera guerra mundial-. Es casi como Gordon al final de El Caballero Oscuro: “no es el héroe que queremos, sino el héroe que necesitamos”, yo lo hubiera dejado más ambiguo, diciendo: “no es él a quien queremos, sino el que necesitamos”. Lo que digo sobre Trump, la verdad es que hubiera preferido necesitar otra cosa, pero todo bien ya sé a quien le vamos echar la culpa cuando venga la calma.  

Gabriel Zamalloa

Jan 3, 2017

Mal del Viento (2012) - Ximena González

por Gonzalo de Miceu


En agosto del 2005, Julián Acuña fue intervenido por orden judicial para ser trasladado al hospital Gutiérrez de la Ciudad de Buenos Aires. Julián era un niño aborigen de la aldea Mbyá Pindó Poty (El Soberbio, Misiones) que sufría de un malestar en el corazón. La gravedad de su condición fue explosionada por un golpe mediático que debatía entre el proceder del aparato médico-legal estatal y los deseos de la familia, en torno a que tratamiento someter a Julián. La directora Ximena González retrata los días de encierro y desarraigo en el hospital. Los medios de comunicación conducen la articulación de la noticia poblando la imagen de voces que enuncian por Julián.

La dinámica que se produce al poner en fricción los aparatos ideológicos del estado en una lucha tecno-mediática contra un sector marginado, es el resultado de determinada relación de Saber que se genera entre las distintas voces que buscan una respuesta por y para Julián. La incomunicación entre las partes termina por resquebrajar cualquier orden de lo decible desnudando el antagonismo reprimido de clases. Así como puede rastrearse cierta estructura trágica en el film de Ximena González, el acoplamiento de las voces que surcan la narración puede relacionarse con lo dicho por Michel Foucault en la segunda conferencia de “La verdad y las formas jurídicas”. Foucault toma la obra de Sófocles, “Edipo Rey”, para indagar en la historia de un poder político, en un determinado tipo de relación entre el poder y el saber. Para ello propone un efecto de ensamblaje a partir del desplazamiento de mitades que generan tres niveles o tres estructuras estamentales dentro de la comunidad.  El nivel de las profecías y los dioses, el nivel de los reyes  y el nivel de los servidores y esclavos. Estos tres niveles participan en la búsqueda del verdadero linaje de Edipo. En Edipo, el conocimiento es siempre una relación estratégica en la que el hombre está situado. Una relación que definirá el efecto del conocimiento. En el film de Ximena González, también podemos encontrar tres niveles que interactúan, incluso se regulan entre sí. Por un lado el líder espiritual de la comunidad a la cual pertenece Julián y su familia. El nivel de la ley hecha por el hombre, representado por el aparato jurídico y médico estatal. Por último un tercer nivel que se construye a partir de la mirada a un Otro. Un Otro que por momentos carga con el exotismo del paradigma occidental, y por momentos se torna inabarcable. Esta dialéctica de la mirada se traduce en la estética, en gran medida a partir de la despersonalización de las voces y la afección de los rostros. Las voces sin cuerpo corren por sobre los familiares en espera, acompañados por la televisión que progresivamente se torna una intrusa.

Retomando las palabras de Foucault sobre Edipo, Apolo y Tiresias, en el orden de lo mágico-político; y, el pueblo, son aquellos que dan testimonio de la verdad. Aquellos en contacto con la verdad. En un principio, lo mismo podría decirse del líder espiritual y la comunidad guaraní a la que pertenecen Julián y su familia, en contraposición al aparato legal del Estado. Foucault indaga en la relación entre el poder y el saber que se juega en Edipo como la instauración de un mito en el pensamiento occidental: la Verdad nunca pertenece al poder político. Sí a los dioses y al pueblo que conserva la memoria. La diferencia con la película de Ximena González radica en que mientras que en Edipo el ensamblaje de mitades consolida los distintos niveles dentro de un marco socio-político activo; en “Mal del viento” aparece la presencia de un Otro en términos de Slavoj Žižek. Un marginado, un Otro inconmensurable que resquebraja la realidad simbólica occidental para poner en evidencia el espectro de lo Real. La relación que se entreteje entre el poder y el saber libera la colisión de estructuras o universos inabarcables en búsqueda de una Verdad inalienable a dos órdenes que responden a distintas categorizaciones del Saber. Este llamamiento a la Verdad esconde el antagonismo reprimido de la lucha de clases y la violencia de la mirada occidental. Este recorrido es el mismo que transita estéticamente el pasaje de la imagen al sonido y viceversa.

El film inicia con un prólogo del monte en niebla poblado por las voces que se deslizan sobre la imagen. El epílogo del film retoma este pasaje. Ambas secuencias enmarcan la narración de Julián, un niño enfermo alrededor de cual se enfrentan dos posicionamientos en pugna en torno a que pasos seguir para su recuperación. El prologo actúa como una presentación a una estructura cuasi fabulesca, que tratándose de la vida de un niño, refuerza el punto de vista cuando la cámara se concentra en la pura espera de Julián. Es a partir de una puesta intimista de la cámara que se retratan los días en el hospital. Esta intimidad impulsa la afección que despiertan situaciones de “aburrimiento profundo” por usar palabras de Martin Heidegger. Un aburrimiento que acorde al filósofo alemán suscita la posibilidad de la muerte.  Esta posibilidad se repliega sobre las condiciones inminentes de Julián. Lo que termina por completar el efecto es un uso particular del sonido. Las voces en off administran la información y  actúan como contrapunto para liberar la afección del plano.   

Hay otro elemento que silenciosamente se suma a la puesta. Podríamos aventurar que en primera instancia se sostiene cómodamente en las voces en off que corren indiferentes sobre los planos. Los medios de comunicación, en especial la televisión, contaminan progresivamente la narración.  Por momentos a partir del fuera de campo sonoro, por momentos ofreciendo material de archivo de transmisiones televisivas pasadas. Más allá de cierto acercamiento de la cámara, casi deslizándose sobre la superficie digital, hay un plano de los más ilustrativos en tanto la relación que se plantea entre lo visual y lo sonoro. El padre de Julián observa la televisión recostado en la cama con el control remoto en mano. En su rostro se perciben las luces del televisor.  El efecto que se logra al multiplicar las superficies reflejantes ausentes y presentes en la imagen,  es una sensación de profundidad simulada. Una profundidad sin salida que circula por las superficies reflejantes y actualiza las presencias y ausencias visuales y sonoras en desplazamientos continuos entre el dentro y fuera de campo. Este circuito hace de la pantalla un gran espejo donde el espectador capta cierta intrusión de la mirada. Intrusión que se convierte en encierro.

“Mal del Viento” indaga profundamente en la relación entre la articulación de la noticia y el poder. Los medios se evidencian como detentores de un espacio consagrado al combate hegemónico por la clasificación del Otro. El lenguaje de periodistas como Andino y la puesta estética mediática, son signos claros y detentores absolutos del conflicto de clases intrínseco del capitalismo tardío. Es en la propia habla de los periodistas que comentan la narración, y en las posturas y gestos detrás de cámara, donde surge con mayor fuerza la idea de la que escribió Pier Paolo Pasolini en su libro “Empirismo erético”: el lenguaje ya determina una relación de poder. Ximena González  provoca al pastiche posmoderno de la estética mediática para apurar los límites hacia las fronteras del puro deleite y goce de la referencia inconcebida.


Dec 27, 2016

El Demonio de Neón (2016) - Nicolas Winding Refn



El Demonio de Neón y La Valorización de lo Innombrable
por Gabriel Zamalloa


“La belleza es la moneda con el valor más alto”     
“Me gustaría usarte para esto, ¿normal?”
“Una chica linda entra a un cuarto. Todos la ven y se preguntan lo mismo: ¿Quién se la está cogiendo? ¿Quién se la va coger? ¿Quién podría cogérsela?” 
 El Demonio de Neón

Desde que se estrenó Drive (2011), Nicolas Welding Refn se convirtió en el director estrella de Hollywood. Sus películas- cada vez más insólitas- recuerdan una época de antaño, cuando el cine de autor aún tenía cierta importancia. Su puesta en escena se basa más en lo visual que en lo dicho; más en lo insinuado que lo explicado. Su última película, El Demonio de Neón (2016), se basa en como la belleza ha sido valorizada y monitorizada bajo un régimen consumista y explotador.

Retrata a Jesse, una joven aparentemente inocente que llega a Los Ángeles con un solo propósito: gozar de su belleza. Un fotógrafo con pretensiones artísticas, Dean, la recluta para hacerle unas fotos y una agencia de modelaje decide contratarla. Es así que Jesse es introducida a la explotación de la belleza ya que le dan la promesa de hacer lo que quiere hacer: complacerse con su propia belleza. Pero no le dicen que tendrá que someterse a la envidia y acoso de aquellos que la rodean. 

Son estos los resultados de valorizar la belleza porque, al hacerlo, se jerarquiza y se propone que algunos sujetos y/o objetos son más importantes que otros. Con objetos, esto no trae ningún problema, ya que los objetos deben valorizarse. Así es como una comunidad tiene claro dónde y cuándo utilizar tal objeto. Sin embargo, se vuelve problemático cuando se trata sujetos - especialmente en un contexto de globalización- ya que impone a comunidades ajenas al dominante de un ser deseable, el cual en muchos casos es imposible de alcanzar. Al jerarquizar se niega una cuestión natural: todos en una comunidad cumplen una función, ninguna tiene mayor o menor valor, ninguno es más o menos importante que el otro, todos están diseñados para la búsqueda de la sobrevivencia, cada uno con un claro propósito. Decir que unos son más importantes que otros trae malestar a la comunidad ya que se está negando la importancia de algunos sujetos: aquellos que designamos como los más débiles.


Por esto, se genera una repercusión desde el lugar de los más débiles, apareciendo de dos formas diferentes: el fanatismo y el canibalismo. El primero, esta personificado por el personaje de Jena Malone, Ruby. Está tan atolondrada por la belleza de Jesse que la acosa con la intención de tener alguna relación sexual. Pero esto es imposibilitado por el hecho de que a Jesse no lo gustan las mujeres. Hasta podría cuestionarse si ella es atraída sexualmente por los hombres, acuérdense: ella solo quiere gozar de su belleza.   

La obsesión de Ruby es una representación de cómo actúan los fans ante algún artista o modelo. Actúan de la mejor manera mientras “la interpretante o el interpretante”  mantiene su puesta en escena, es decir, cuando permite que su show impuesto por los agentes y marqueteros continúe. Pero cuando la puesta en escena acaba (el show no puede durar para siempre), los fanáticos se vuelven histéricos. Su capacidad de sentir placer ha sido neutralizada, derivando a una violencia extrema. El caso de Ruby: intenta violar y termina asesinando a Jesse.


La segunda imagen, la del canibalismo, representa a la competencia. En la película lo vemos claramente: todos quieren ser la más bella ya que la misma jerarquización impone ese deseo. Por esto sienten envidia: quieren ser Jesse, pero no tienen como. Y aún más: al ver la imposibilidad de su tarea, se la comen. Lo curioso es que funciona. Se vuelven más bellas, pero solo una de las dos modelos puede contener la belleza de Jesse ya que es como ella: no le importa lo que los demás piensan, solo quiere gozar de su propia belleza. A la otra le viene indigestión y procede a intentar extraer los restos de Jesse de su propio cuerpo con un vidrio partido.

Así, bajo este panorama, derivamos al principal problema ético con la jerarquización de la belleza: se está valorizando lo inédito, lo innombrable, aquello a lo que no se le debe poner nombre. Pero se le pone nombre. No por ninguna cuestión estética sino, simplemente, porque se busca hacer dinero. . A fin de cuentas, cada comunidad y/o cultura decide qué es bello y qué no y definirlo propondría una sobre- o subvaloración de una cultura ajena. Por esto mismo, la belleza es innombrable. Por lo tanto, los sujetos bellos no se deben valorizar, sino apreciar, porque al hacerlo estas valorizando para otras culturas también. Entonces ya sabes, la próxima vez que veas un personaje famoso caminando por la calle, déjalo ser, tal vez no es tan bello como parece.

Dec 24, 2016

El caminante sobre el mar de nubes - Caspar David Friedrich


El caminante sobre el mar de nubes, es un cuadro de uno de los exponente más importantes del romanticismo alemán, Caspar David Friedrich (1774-1840).  Data del año 1818 y fue confeccionado mediante la técnica de oleo sobre tela. Sus medidas son de 74,8 cm de ancho por 94,8 cm de alto. Actualmente se encuentra en el museo de arte de Kunsthalle de Hamburgo (Alemania).

El primer plano describe a un viajero sobre una formación rocosa de forma triangular, contemplando el paisaje a sus pies. El viajero se encuentra de espaldas, vestido de negro, con una de sus piernas adelantada y sosteniéndose por un bastón. Friedrich se hace de un tono oscuro que contrasta con la luminosidad del horizonte, consiguiendo generar cierta perspectiva aérea. El plano paralelo más lejano se impone sin una mediación que posibilite la transición de la mirada a través de planos medios. La niebla anula la linealidad del recorrido visual hacia la claridad del horizonte. Los picos de otras montañas emergen de la niebla, así como una enorme cadena montañosa ocupa el fondo. El paisaje remite a la Suiza de Sajonia. El cielo, casi como una prolongación de la niebla, ocupa gran parte del cuadro. El fondo resulta más brillante, pintado de forma difuminada en contraposición al primer plano del viajero, más opaco e incisivo. La gama cromática está constituida por colores más bien fríos: el negro de la figura central, el marrón apagado de las rocas y el tono blanquecino de la niebla y el cielo.  Podemos encontrar cierta sensación de movimiento conformada por la voracidad de la niebla y las diagonales del paisaje que desembocan en el torso del caminante.

A lo largo de los años se han escrito infinidad de interpretaciones relacionadas a determinados rasgos del romanticismo presentes en la obra de Friedrich. Desde la imposibilidad de reconciliar al hombre con la Naturaleza, la experiencia metafísica del paisaje como proyección absoluta, e incluso alegorías religiosas. En este caso voy a detenerme en la figura del caminante como centro de identificación con el espectador. En varios de sus cuadras Friedrich repite el mismo motivo: la abrumadora naturaleza y la pequeñez de la figura humana. El caminante, de espaldas, contempla el paisaje que pareciera una extensión de su interior. Friedrich incorpora el verbo, la acción misma de contemplar y ser atravesado por la totalidad, trascendiendo el objeto deseoso de contemplación o el objeto contemplado. Si consideramos que los paisajes de Friedrich remiten a una proyección personal del individuo que se materializa en la naturaleza en un juego de ida y vuelta, la incorporación de un intermediario, la singularización del individuo que contempla, no sólo actúa como conclave de identificación sino también como guía afectiva entre un Yo “universal” y un Otro que contempla. Esta tensión y ruptura con el espíritu racional y crítico de la Ilustración y el Clasicismo,  favorece la conciencia del Yo como entidad autónoma, dotada de capacidades variables e individuales como la fantasía y el afecto.

Gonzalo de Miceu

Dec 21, 2016

Luke Cage (2016-) - Cheo Hodari Coker

Luke Cage y el Poder de los Invisibilizados

por Gabriel Zamalloa

“Aunque no lo creas, este juego viene con reglas.” – Cottenmouth, Luke Cage, Tercer Capítulo, Primera Temporada

“Te puedo hablar como me da la gana porque careces de cualquier poder para callarme.” – Shades, Luke Cage, Séptimo Capítulo, Primera Temporada

“Este loco llamado Moynaham fue y dijo que de repente los barrios podrían beneficiarse de una negligencia benigna”.- Koko, Luke Cage, Quinto Capítulo, Primera Temporada


Si Daredevil (2015) mostró que se puede hacer una serie sobre superhéroes con cierta dignidad y Jessica Jonas nos dice que un buen guion no puede llegar tan lejos sin una buena puesta en escena que le acompañe, Luke Cage (2016) deja claro que las obras maestras son posibles para este género en formato audiovisual.

La nueva serie de Netflix, Luke Cage, toma en consideración lo que pasa con una comunidad cuando es sometida a lo que Maynaham - parte del staff del presidente Nixon- llama la “negligencia benigna”. Específicamente, se está refiriendo a la comunidad afroamericana. La cual, en los últimos años ha sido mal representado por el poder político y estereotipado por los medios. Esto es consecuencia directa de la “negligencia benigna” que implica un desentendimiento político y social pero a la vez se tiene la expectativa que la comunidad siga las mismas reglas impuestas por los mecanismos estatales. En otras palabras, la comunidad afroamericana y las minorías en general, deben cumplir una normativa ajena, la cual no han tenido ni voz ni voto en la conformación de la misma. Casi como obligar a un hindú a comerse una vaca.

Todo esto implica una comunidad invisibilidad, no tanto porque su existencia sea misteriosa u oculta, sino porque otras comunidades, al compartir el mismo espacio, son negligentes a los conflictos internos y externos que impiden su progreso, paralizando la comunidad, fomentando el exceso de violencia y agresividad hacia sus integrantes y fuerzas externas. Así, las mismas reglas comunitarias se imposibilitan creando un lio de transgresiones que derivan hacía la imposibilidad de paz.  Por esto, surgen una maraña de soluciones, tanto foráneas como propias, algunas más positivas que otras y otras demasiado dañinas para seguir cuestionado su existencia. La primera temporada de Luke Cage analiza el surgimiento de soluciones internas y como se relacionan mutuamente.

Bajo este contexto se enfrentan varios poderes en una especie de Battle Royal, con la intención de probar qué solución es la más pertinente. Al comienzo, la más clara es la de lo nuevo  y renovable contra lo antiguo y anacrónico, representados por y “Cottenmouth”. El primero busca reivindicar el legado de su tía –Mama Mabel Stokes-, no porque le da orgullo sino porque es lo único que sabe hacer: fue entrenado para eso. Pero se adhiere a reglas del juego de antaño, las cuales le permiten establecer control sobre el barrio, pero también pierde toda noción de cómo ayudar a sus integrantes. Es pertinente que todo el dinero lavado se guarde ya que viví en un mundo ya muerto  y por esto no tiene como articular sus deseos para apoyar a su comunidad. Por otro lado, Mariah busca sumergirse en el  sueño americano. El único problema es que nadie está muy seguro de lo que es o de lo que fue ese sueño, por lo tanto lo aprecia desde su lugar coyuntural: ayudando a su propia comunidad a la vez de mantener su respeto y mantener la apariencia que respeta las reglas ajenas que han sido impuestas. Y logra su cometido- o mejor dicho uno sus cometidos- ya que al llegar la calma se vuelve un pilar de su comunidad al deshacerse de “Cottenmouth” y de “Dimondback”, pero con una imagen externa dudosa. Así, está en peligro de convertirse en uno de las cosas que más odia: su primo hermano.


La segunda confrontación es la Shades contra Misty Knight, la del apoyo de a la comunidad desde el crimen y el apoyo a la comunidad desde la ley, respectivamente. Misty intenta erradicar el crimen (pensado que es la única manera de traer paz) sin darse cuenta de la imposibilidad de su cruzada, ni que su propia comunidad no acepta las reglas externas impuestas. Se termina percatando de las contradicciones de las leyes impuestas cuando esta impide que la misma se cumpla. Shades sugiere un dilema parecido. Piensa que jugando siempre fuera de la ley se mantendrá al margen de ella, pero cuando es arrestado e interrogado solo puede decir una palabra: Abogado. Su peor temor termina siendo su refugio. Así, los dos se dan cuenta que están errados: no se puede tener ley sin crimen, ni crimen sin ley. Son dicotomía, uno siempre va implicar la existencia del otro.  

Así llegamos a la imagen de Daimondback, la más peligrosa de todas ya que es el hombre sin agenda pública, ni privada; que transgrede simplemente por el hecho de transgredir. No es una solución, sino una consecuencia de la “negligencia benigna”.  El hombre ha sido tan ignorado y maltratado por su comunidad (y otras fuerzas externas) que la única manera de reivindicarse es la violencia sin sentido. Es el hombre verdaderamente enloquecido, un auténtico perro rabioso.


Ante estas soluciones aparece Luke Cage, el cual empieza siendo un mero mediador pero termina siendo la solución que todos buscaban aunque no quieran admitirlo. No está por la ley o por el crimen, ni por lo nuevo o por lo viejo, ni por lo interno o externo, sino busca el equilibrio. Por eso no mata- sería injusto hacerlo- ya que aún no encuentra un rival con la misma fuerza. De esta manera, Luke Cage se adhiere a la imagen de Dos Caras y de alguna forma lo perfecciona porque logra contener su propio arbitraje y construir un código moral a partir de ello. También muestra el camino: no hay que estar ni con Dios, ni con el Diablo. Hay que buscar la tregua.  


Esos son los dilemas que plantea Luke Cage, las cuales no solo se pueden aplicar para la comunidad afroamericana estadounidense, sino a otros sectores invisibilizados de la población global. Muestra las consecuencias de una representación estereotipada mediática como política y la negación de sus reglas internas. En estas situaciones, el malestar social es evidente. Lo que no es tan evidente son las soluciones, ni menos como aplicarlas. La invisibilidad no solo genera vacíos sino abominaciones –como vemos en el caso de Diamondback-. Por eso, si alguien empieza a hablarte de la “negligencia positiva” como una fuerza benefactora para la sociedad solo sigue los pasos de “Cottenmouth”.