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Dec 27, 2016

El Demonio de Neón (2016) - Nicolas Winding Refn



El Demonio de Neón y La Valorización de lo Innombrable
por Gabriel Zamalloa


“La belleza es la moneda con el valor más alto”     
“Me gustaría usarte para esto, ¿normal?”
“Una chica linda entra a un cuarto. Todos la ven y se preguntan lo mismo: ¿Quién se la está cogiendo? ¿Quién se la va coger? ¿Quién podría cogérsela?” 
 El Demonio de Neón

Desde que se estrenó Drive (2011), Nicolas Welding Refn se convirtió en el director estrella de Hollywood. Sus películas- cada vez más insólitas- recuerdan una época de antaño, cuando el cine de autor aún tenía cierta importancia. Su puesta en escena se basa más en lo visual que en lo dicho; más en lo insinuado que lo explicado. Su última película, El Demonio de Neón (2016), se basa en como la belleza ha sido valorizada y monitorizada bajo un régimen consumista y explotador.

Retrata a Jesse, una joven aparentemente inocente que llega a Los Ángeles con un solo propósito: gozar de su belleza. Un fotógrafo con pretensiones artísticas, Dean, la recluta para hacerle unas fotos y una agencia de modelaje decide contratarla. Es así que Jesse es introducida a la explotación de la belleza ya que le dan la promesa de hacer lo que quiere hacer: complacerse con su propia belleza. Pero no le dicen que tendrá que someterse a la envidia y acoso de aquellos que la rodean. 

Son estos los resultados de valorizar la belleza porque, al hacerlo, se jerarquiza y se propone que algunos sujetos y/o objetos son más importantes que otros. Con objetos, esto no trae ningún problema, ya que los objetos deben valorizarse. Así es como una comunidad tiene claro dónde y cuándo utilizar tal objeto. Sin embargo, se vuelve problemático cuando se trata sujetos - especialmente en un contexto de globalización- ya que impone a comunidades ajenas al dominante de un ser deseable, el cual en muchos casos es imposible de alcanzar. Al jerarquizar se niega una cuestión natural: todos en una comunidad cumplen una función, ninguna tiene mayor o menor valor, ninguno es más o menos importante que el otro, todos están diseñados para la búsqueda de la sobrevivencia, cada uno con un claro propósito. Decir que unos son más importantes que otros trae malestar a la comunidad ya que se está negando la importancia de algunos sujetos: aquellos que designamos como los más débiles.


Por esto, se genera una repercusión desde el lugar de los más débiles, apareciendo de dos formas diferentes: el fanatismo y el canibalismo. El primero, esta personificado por el personaje de Jena Malone, Ruby. Está tan atolondrada por la belleza de Jesse que la acosa con la intención de tener alguna relación sexual. Pero esto es imposibilitado por el hecho de que a Jesse no lo gustan las mujeres. Hasta podría cuestionarse si ella es atraída sexualmente por los hombres, acuérdense: ella solo quiere gozar de su belleza.   

La obsesión de Ruby es una representación de cómo actúan los fans ante algún artista o modelo. Actúan de la mejor manera mientras “la interpretante o el interpretante”  mantiene su puesta en escena, es decir, cuando permite que su show impuesto por los agentes y marqueteros continúe. Pero cuando la puesta en escena acaba (el show no puede durar para siempre), los fanáticos se vuelven histéricos. Su capacidad de sentir placer ha sido neutralizada, derivando a una violencia extrema. El caso de Ruby: intenta violar y termina asesinando a Jesse.


La segunda imagen, la del canibalismo, representa a la competencia. En la película lo vemos claramente: todos quieren ser la más bella ya que la misma jerarquización impone ese deseo. Por esto sienten envidia: quieren ser Jesse, pero no tienen como. Y aún más: al ver la imposibilidad de su tarea, se la comen. Lo curioso es que funciona. Se vuelven más bellas, pero solo una de las dos modelos puede contener la belleza de Jesse ya que es como ella: no le importa lo que los demás piensan, solo quiere gozar de su propia belleza. A la otra le viene indigestión y procede a intentar extraer los restos de Jesse de su propio cuerpo con un vidrio partido.

Así, bajo este panorama, derivamos al principal problema ético con la jerarquización de la belleza: se está valorizando lo inédito, lo innombrable, aquello a lo que no se le debe poner nombre. Pero se le pone nombre. No por ninguna cuestión estética sino, simplemente, porque se busca hacer dinero. . A fin de cuentas, cada comunidad y/o cultura decide qué es bello y qué no y definirlo propondría una sobre- o subvaloración de una cultura ajena. Por esto mismo, la belleza es innombrable. Por lo tanto, los sujetos bellos no se deben valorizar, sino apreciar, porque al hacerlo estas valorizando para otras culturas también. Entonces ya sabes, la próxima vez que veas un personaje famoso caminando por la calle, déjalo ser, tal vez no es tan bello como parece.

Oct 31, 2011

Matrix (1999) - Larry y Andy Wachowski


Las dos caras de la mentira. The Matrix
En la escena clave de Matrix, el personaje Morpheo plantea al protagonista Neo el dilema central del film: debe optar entre una pastilla azul, eligiendo consigo la vida dentro de la matrix – una realidad concebida como un sistema de redes cibernéticas fabricado por máquinas -, aceptando la ilusión de creer verdadero aquello que lo engaña, ese régimen; o la pastilla roja, asumiendo consigo la verdad que está detrás del sistema, rompiendo la alienación que lo hace posible.
The Matrix se inscribe en una tradición de películas que se plantean la consideración de una realidad “verdadera” escondida detrás de la experiencia cotidiana. Una variante del género conspirativo que introduce ya no la posibilidad de una realidad escalonada en niveles de saber, sino en niveles de saber que configuran dos realidades diametralmente divergentes, atravesadas por circuitos de computadoras y códigos que a la vista del individuo corriente, son inaccesibles. La separación en el film no se da a partir de una armonía fundada en la ignorancia de aquellos ubicados en niveles de saber más bajos, sino que se entiende como la batalla de dos partes. Los guardianes de la Matrix son programas de computadora, defensores de ese status quo, que luchan contra los habitantes de la ciudad de Sion, la única ciudad que ha quedado fuera de él.
En el fondo, un film como The Matrix es concebido sólo en la medida en que se traza una profunda escisión ideológica entre el mundo de los sueños - de la alienación, la mentira – y el mundo de la verdad, aquel que está fuera del sistema, fuera de la Matrix. El funcionamiento de la oposición y los móviles de los personajes se sustentan sobre la negación de la otra parte. Como en el dilema de Morpheo, la posibilidad de una conciliación, de una tercera alternativa ni siquiera se vislumbra entre las opciones que lo conciernen. El círculo sobre el cual se cierra The Matrix, establece a estas oposiciones sólo en la medida en que los elementos de dichas están autonomizados. Se enfrentan el desfuncionamiento, la realidad invertida de la Matrix, al funcionamento de lo verdadero (su afuera) aboliendo en el proceso la posibilidad de incorporar ambos a un esbozo de la totalidad. De la misma forma, en el discurso capitalista moderno se justifica la existencia de sociedades subdesarrolladas como una excepción de la armonía, como una consecuencia de la propia incompetencia de esas sociedades, y no como una necesidad profunda del sistema mundial, lo que equivaldría a incorporar la deformación al todo.

La promesa de Sion es la promesa del iluminismo del siglo XVIII. La promesa de la libertad a través de la verdad, de la razón. En la Matrix, los sentidos son engañados, sólo el poder del saber puede distanciar a Neo de la farsa. El sujeto desalienado que propone el film se homologa de alguna forma, al Ulises de la Odisea en el episodio de las sirenas que, para no caer en la locura, debe dominar las pasiones atándose al mástil esquivando el efecto hipnótico del canto. Aquí, esas pasiones fraudulentas se reactualizan mediante el dispositivo perverso del sistema infomático que configura la matriz, opuesta a la resistencia de la ciudad de Sion.
No obstante, resulta difícil pensar en cómo viven los habitantes de Sion, porque es asimismo difícil imaginar un mundo en el que la experiencia de la vida excluya a la fantasía, a la ilusión. La realidad, bajo estas coordenadas, sería demasiado difícil de sobrellevar. Por ello, la alternativa de una realidad atravesada por la ilusión, y no opuesta a ella, se revela como una necesidad fundamental. Incorporar la deformación al todo. Construir a partir de él un imaginario ideológico. Hay que elegir una tercera pastilla.

Juan Almada