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Apr 14, 2017

La Araña Vampiro (2012) - Gabriel Medina

Un perfil ético del artista

 “Pensé esta película como una segunda opera prima” comentó Medina posterior a la visualización de La araña vampiro por la “Competencia Internacional” del BAFICI 2012. De entrada la película cargaba con la sombra de Los Paranoicos (2008) y todo ese culto algo molesto que suele armarse detrás de grandes películas. De entrada la mayor parte de los espectadores que sacaron boleto para La araña vampiro buscaban una película que siga la línea de Los Paranoicos. Esto se podía apreciar en el debate posterior al estreno. La misma pregunta una y otra vez, ¿por qué el cambio? Más allá de todo el juego entre satisfacer o no al espectador hubo tres palabras de Medina que sintetizaron la ¿polémica? –porqué las verdaderas polémicas del BAFICI trascienden al patio del Abasto a donde todos salen a fumar pucho y cantar sus opiniones al viento. Es muy difícil encontrar en el público del BAFICI un espectador con los huevos suficientes para plantearle las cosas al director en la cara–. “Quería sentir algo”. Esas fueron las palabras de Medina para excusar la motivación de su última producción.

Un fragmento de Rainer Maria Rilke en su “Carta a un Joven Poeta”: “Acaso resulte cierto que está llamado a ser poeta. Entonces cargue con este su destino; llévelo con su peso y su grandeza, sin preguntar nunca por el premio que pueda venir de fuera. Pues el hombre creador debe ser un mundo aparte, independiente, y hallarlo todo dentro de sí y en la naturaleza, a la que va unido”.

La historia gira en torno a un adolescente que sufre ataques de pánico y viaja al bosque junto a su padre para mejorar. Tras ser picado por la araña vampiro se da inicio a la aventura que va a unir a Jerónimo y Ruiz. Dupla que deambula por las sierras en busca de la misma araña que pique a una vez más a Jerónimo para neutralizar el efecto mortal de la primera picadura. A primera vista hay algo valorable en la trama de la película, una cierta reminiscencia genérica que emparentan el film al road movie, al relato gótico y la estética del terror tan poco trabajada en el cine argentino.


Una escena clave: el enfrentamiento inicial entre Jerónimo y la araña mala. El terror de lo minúsculo peludo y la fragilidad adolescente. Tras aplastar a la araña que aún con vida podría salvarlo, el protagonista es dado a conocer su condición desfalleciente. Esta secuencia signa la aventura como destino, como broma del destino y condena para la superación personal. Por otro lado el personaje interpretado por Jorge Sesán. Ruiz acalla las voces dolientes de la naturaleza con alcohol. Es un personaje que siente en carne propia lo que anuncia como el apocalipsis, la devastación de la montaña y la explotación minera. Aquí hay una decisión fuerte del director en trasladar la problemática que atraviesa el referente espacial a la diégesis. Medina genera una conversación con el espacio que densifica una apuesta moral y se torna eje constructivo del personaje de Ruiz.


Otra vez la música. Ya en Los Paranoicos Medina propuso trabajar con la música under como recurso estético constitutivo del film. Estético pero a su vez principio de fragmentos culminantes que elevan el fondo por sobre cualquier coronación formal. Esta vez fue “Prietto viaja al cosmos con Mariano” la agrupación que se ocupó de componer la banda de sonido para La araña vampiro. La música acompaña la narración a lo Dead Man (1995), y la escena final, a través de la música, alcanza el pico máximo de expresión. Es muy difícil encontrar películas en el BAFICI que no se aprovechen de la música y viren a lo videoclipero come minutos. Las propuestas musicales de Medina son innovadoras al cine argentino; y más allá de que en el artículo que escribí sobre Los Paranoicos para el número anterior de la revista “Número Zero” intenté legitimar teóricamente la importancia del sonido en el cine de Medina, esta vez me remito directamente a sus palabras a propósito de la secuencia final y el ojo blanco de Jerónimo. “Pensé en imágenes” –y un ojo blanco garpaba–. Por más de que pensar en imágenes suene a un versito repetido en el cine, en Medina no existe una división entre lo audio y lo visual –tampoco debería existirla–. Medina profundiza una vez más en la imagen-música. Quizá porque “la música es el perfecto modelo de arte que no puede revelar nunca su último secreto” como propuso Oscar Wilde; o porque “en la música es acaso donde el alma se acerca más al gran fin por el que lucha cuando se siente inspirada por el sentimiento poético: la creación de la belleza sobrenatural” como dijo Edgar Allan Poe. En todo caso la música en el cine de Medina abre la imagen, la ensancha, la verticaliza, le aporta el fluir de la pura voluntad.

En el artículo “Sobre el cine argentino contemporáneo” que escribimos junto a Santiago Asorey también para el número anterior de la revista, rescatamos una generación de cineastas que partiendo de Leonardo Favio abren el campo al cine argentino. Entre ellos incluimos a Gabriel Medina y Fabián Bielinsky. Más allá de las evasivas de Medina a las comparaciones de La araña vampiro con El aura (2005) –que además repiten al actor Alejandro Awada– es sumamente gratificante encontrar cierta cohesión en esta generación con nuevas propuestas audiovisuales. No estoy seguro si podría volver a ver La araña vampiro más de una vez como sucedió con Los Paranoicos; pero, me gustaría a hacer uso de las palabras que le dedicó Domin Choi a Fabián Casas durante el debate de “Cine y literatura” que se llevó adelante en el microcine de la FUC en el año 2011. La existencia de un cineasta como Medina en la actualidad argentina es una existencia milagrosa.



Gonzalo de Miceu

Nov 9, 2011

El estado actual del cine

El carácter industrial que posee el cine, visto como mercancía en relacion a las operaciones industriales y comerciales que implican su producción y consumo, lo separan del resto de las artes. El cine, mercancía, se rige por un valor de uso y valor de cambio en detrimento del valor cultural. Asi es como los fenómenos de producción ingieren en el consumo del mismo: star system, los géneros, la publicidad; todas garantías del funcionamiento mercantil. De este modo el cine que vale es el que vende, el que mantiene a la industria en funcionamiento y a los exhibidores y distribuidores contentos. Para ser producidos los films deben ser consumidos, sin dinero el cine no existe. Por lo tanto los films están investidos por las leyes del mercado en el que son producidos y en el que circulan. ¿Pero que sucede con todo ese cine que no tiene fines meramente comerciales, que se inscribe en una zona independiente en busca de fines autorales y estéticos en lugar de lucrativos?

Actualmente el escenario del cine en la Argentina esta mutando hacia un proteccionismo del cine local contra el monopolio del cine yanqui. La Resolución 2114/2011 prueba esta teoría, la misma dispone cobrar un canon a las películas extranjeras por “derecho de exhibición” de acuerdo a la cantidad de pantallas en las que la película será proyectada simultáneamente. El canon se cobraba de modo indistinto a todo lo referido a cine extranjero, pero ante el reclamo de los distribuidores independientes, se resolvió que se debe pagar sólo cuando se superen las 15 copias. Lo cual tampoco ayuda a las distribuidoras independientes dado que deben de acotar su cantidad de copias para evitar el pago, de esta forma están siendo marginalizadas a un sector minoritario de exhibición. El espíritu de la resolución es desalentar el incremento de copias de películas extranjeras a favor de habilitar más pantallas para la exhibición de cine nacional, pero no se tiene en cuenta al cine independiente, quedando este relegado a una zona al margen, teniendo que combatir con las mega producciones y ahora con el proteccionismo nacional.

Las películas norteamericanas seguirán colmando las salas con sus películas más allá del impuesto, dado que poseen del capital para invertir. Los damnificados nuevamente serán los sectores independientes, puesto que los distribuidores al tener que pagar un mayor canon por estrenar venderán sus copias a los complejos multipantalla en lugar de los cines de barrio o del interior. Es más rentable tener 4 copias en un complejo que enviar una copia al cine de barrio que dispone de menos butacas y de menos llegada al público. Claramente esto es una injusticia, por ser un cine de menor categoría el cine de barrio se quedara sin poder ver la última de Batman por citar un ejemplo. Aquí es cuando ingresa la FADEC (Federación Argentina de Exhibidores Cinematográficos) proponiendo que se limite la cantidad de pantallas repetidas en un mismo complejo, liberando espacio para el estreno de más cine nacional y dando lugar a que se distribuyan copias por el interior del país. Resolviendo la problemática de la discriminación de las salas de una categoría inferior a los complejos.

Sintetizando la resolución ayuda al cine nacional cobrándole un impuesto al cine extranjero, ahora los damnificados no son los tanques hollywoodenses ya que disponen de un presupuesto elevado como para pagar el canon, la víctima de esta situación es el llamado cine de autor o cine independiente. El mismo no cuenta con ningún tipo de protección por parte de esta ley, esta olvidado. Y si bien es cierto que es necesario promulgar el cine local, con fines culturales es también necesario ofrecerle al público un cine con un valor estético innegable como puede ser el cine sueco, coreano, japonés, francés, iraní, etc. Este cine queda huérfano, no cuenta con el presupuesto de la industria ni con la contención del estado. Corriendo el riesgo de que sus copias queden abandonadas sin su posible estreno.

El cine siempre se halló en la puja entre el entretenimiento y el arte. El capitalismo supo explotar el primero dejando la parte artística relevada a un circuito privado de festivales y museos. El cine de autor en lugar de ocupar la sala cinematográfica  pasa a ocupar la sala de un museo. Literalmente se quiebra al cine en dos, por un lado el cine pochoclero y por otro lado muy alejado el cine de autor, reducido a un publico selecto e imbuido por el mercado del arte. El común del espectador no va a dirigirse a un museo a ver una película y bien si lo hace no es la misma experiencia. Surgen dos espectadores diferentes que están bien delimitados. A estos dos se le sumaria el tercer tipo de espectador que es el que ya resigno su ida al cine y lo consume desde su computadora tirado en su cuarto.

Para acomodar un poco las ideas el cine esta sufriendo cataclismos que amenazan con su existencia, por lo pronto con la existencia del cine como se lo conocía desde sus orígenes. Tenemos por un lado las salas cinematográficas que se dedican a pasar cine norteamericano y ahora con esta nueva resolución un poco más de cine nacional, tenemos los lugares alternativos como son los museos para ver cine de autor, y tenemos Internet para el consumidor que ya resigno el ritual cinematográfico y prefiere no pagar nada por consumir el cine desde la pantalla de su computadora, obviando el idealismo de la sala oscura y consumiendo literalmente el cine como mercancía, como objeto desligado de cualquier fin aurático, absorbiendo lo narrativo y relegando la experiencia audiovisual a una memoria de la que ya no son parte. El ritual cinematográfico esta siendo destruido.

El problema que atine a esta situación es que el cine esta perdiendo su pluralidad, tanto en la elección de las películas a exhibir como en el público mismo que convocan. Los estrenos tardíos hoy por hoy son un caso paradigmático de los tiempos que corren. El no poder estrenar la película en simultáneo implica que la copia de la misma pueda filtrarse por Internet perdiendo cualquier posibilidad taquillera. Ese fue el caso de Scott Pilgrim en España, la película contaba con fines rentables para las salas pero los distribuidores decidieron posponer su estreno. Para el momento que se estreno la misma tenia más descargas en alta definición en la red que butacas vendidas. El estreno tardío incide directamente en la ganancia que pueda obtener la película dado que en la actualidad, las películas deben de enfrentarse con la piratería y con Internet. Además no hay que olvidarse del elevado precio de la entrada que sumado a la espera, casi que obliga al espectador a optar por opciones ilegales para poder hacerse con el visionado del film.

Las distribuidoras tanto como los exhibidores poco les importa el criterio estético a la hora de decidir que películas que valen la pena. Es por esto que películas como “Rosetta” de los hermanos Dardenne fue exhibida 11 años después de su estreno. Sufriendo de las desventajas propias del paso del tiempo, ya no solo contra la difusión e impacto de las copias piratas, sino también en la eficiencia y alcance de su publicidad.

Retomando el cine se esta sectorizando y fragmentando en diferentes espacios para el visionado y para el tipo de publico convocado. Lejos quedaron las salas donde se podía escoger verdaderamente que ver dentro de un abanico de posibilidades. Hoy tenes los complejos multipantalla para el 3d y el cine pochoclero, el MALBA para el intelectual y la computadora para el nihilista.

Jennifer Nicole Feinbraun