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Sep 16, 2011

Sobre la crítica en la Academia

por Gonzalo de Miceu

En el espacio de la crítica cinematográfica se polemiza mucho entorno a una división entre crítica y análisis. Entre propuestas más personales y el análisis académico del plano por plano. También sobre la reseña, como si la reseña emanara directamente de lo que necesita el mercado. Una reseña de revista popular, en la contratapa de un dvd, en la voz de Catalina Dlugi alentando ir al cine para calentarse con una película de Richard Gere y un perro, o en una página de internet que se hace base de datos universal y cobra de publicidades y redirecciones. Muchas divisiones para la crítica, como si cada formato tuviera una lista de reglas a seguir para poder colocar el artículo-texto en el mercado. Muchas variantes con distintos nombres: reseña, comentario, crítica, ensayo, análisis. El problema es que estas especificaciones entraron de lleno en el ámbito académico, y más que cultivar el debate, el encuentro, el autoreconocimiento, se suprime toda voz extraña, toda simpatía. La crítica debería ser una parte fundamental en el devenir artístico, casi terapéutica, y más que someterse a los mandatos del mercado que se infiltran en las voces de los profesores universitarios, debería establecer un intercambio, un juego placentero con las condiciones actuales de producción.

Se habla de la reseña como un texto que debe contar la película excluyendo valoraciones de tipo personales. Para eso existe la sinopsis que es un paso constitutivo en el desarrollo de un proyecto cinematográfico. Si se habla de reseña como un recurso para contextualizar o proveer de mayor información al futuro espectador,  es una operación tendenciosa, una actividad que debería relacionarse con los técnicos de la premiere, con las campañas publicitarias; o, fácilmente sustituible por unos segundos de indagación en internet. Porque muchas veces escuché que aquello que hace una buena reseña es deslizar con elegancia, con sutileza, las valoraciones personales que se puedan tener del filme. Como si debiéramos eludir a la policía de pensamiento de 1984 –George Orwell-, y expedir mensajes subliminales, mensajes codificados, esperando tener un lector como John Nash capaz de descifrarlos. Todo lo que hacen estas ideas que seducen con el espionaje, es proponer una vía de escape subversiva que termina siendo peor que la enfermedad. Como si hubiera un único camino para la sublevación, predigitado y temeroso, calado de antemano. Es perjudicial para el crítico adoptar una posición derivada, definitiva –esto corresponde más a la tarea del traductor-. La búsqueda del crítico debería ser intuitiva, primitiva. Bajo estos términos es imposible hablar de una buena reseña, la reseña sería buena si silencia todo lo valorativo, si mete gente en el cine, para todo el resto está la sinopsis, o internet, que en unos pocos clicks uno selecciona, sintetiza, pega, elimina, hasta conseguir lo buscado. Un autoboicot más honorable que obedecer a los mandatos de una voz desconocida que seguramente responde a los intereses de las grandes productoras. 

Una de las ventajas de internet es poder decir “esto no”, “esto está mal”, “esto va mejor”.  Y es que antes de decidir ver una película tienen gran importancia el título del film y el afiche publicitario. Siempre generan una mezcla de valoraciones preconcebidas y deseos angustiosos, una mezcla de intriga o rechazo ante lo desconocido. Para indagar en la búsqueda personal siempre está la sinopsis o rehuirle si lo que se busca es la sorpresa cinematográfica. Es que el cine, en primera instancia, satisface una necesidad anterior en el espectador. Veo cine porque busco algo, y el primer acercamiento a ese algo perdido son estos elementos –por remitirme a algo estrictamente industrial- el título del film, el afiche publicitario, la sinopsis, el tráiler, etc. Todo aquello que no se vincule directamente con procederes de mercado – el boca en boca, las recomendaciones- imponen una valoración un poco más honesta. Existen grandes recomendadores de películas y campañas de murmullo desastrosas. Y es que antes de ver una película, una vez recorrido el afiche, el título, la sinopsis, el tráiler, el director, los actores; aspectos informativos  que suponen una etiqueta de calidad o no, aquello que termina por definir un acercamiento dubitativo, son el deseo de aventura o valoraciones del tipo Cuevana “no vean esta basura”, “demasiado lenta”, “las tetas de Jessica Alba tiran para una semana de paja”. Todos estos medios, atravesados por la lógica del mercado, vienen a desempeñar dos funciones poco concisas, intercambiables, casi dialécticas, en la aventura cinematográfica: embravecer el deseo de búsqueda o tirarlo a menos. 

Con respecto a la crítica y el análisis. Es como si fueran dos polos opuestos, una mayor subjetividad contra una mayor objetividad. En la crítica, una mezcla de valoraciones personales justificadas o en intentos de justificación. Una gran lista de referencias e intertextualidades diseminadas, comentarios tirados al aire con afirmaciones y sobreentendidos peligrosos. Y el análisis cinematográfico, el agotamiento de cada plano como si no hubiera nada más allá de la semiótica, como si la diferencia fuera escasa, contada. Un análisis hermético que conlleva disputas intelectuales contra eruditos de la cinemania, que quiere hacerse pasar por ciencia, que rechaza todo programa de interpretación diferente. El objetivo de este radicalismo es proponer nuevas categorías para la crítica basadas únicamente en la extensión: la reseña crítica y el análisis crítico. 

El Séptimo arte, una arte de masas, abre toda una nueva forma de pensar la crítica. Sea la psicología, la música, el teatro, la sociología, la historia, la economía, etc., todas son puertas posibles para abrir campos de lectura en lo relativo a un filme, pero, es imperativo que toda interpretación se nutra de elementos constitutivos de la cinematografía. Acá entraría en juego el análisis. De esta manera se establece la cruza entre distintos tipos de saberes que pueda llevar incorporado el sujeto-crítico, asociado de forma radial, al núcleo del lenguaje cinematográfico. Se propone un intercambio entre todos los recursos estructurales del cine, sean sus elementos técnicos, como narrativos, y todos aquellos saberes superestructurales. A la par que hibrida el lenguaje, a la par debería modificarse la relación con el Conocimiento.

La reseña crítica debería proponer una única idea, justificada y desarrollada de forma precisa, con el fin de pasarle la bola al espectador. Una buena reseña crítica marca una perspectiva de lectura y hace del espectador-lector un espectador activo, participativo, en busca del ajustamiento de las afirmaciones propuestas. Como si se convirtiera en un detective que sigue una pista primordial para resolver el caso. En cambio, el análisis crítico debería llevar al espectador de la mano, a recorrer una minuciosidad, un detallismo, una visión propia. El trabajo del espectador-lector, ya no radica en poner a prueba las hipótesis largadas por el escritor como en la reseña, ya no es un trabajo de búsqueda y rastreo; sino, una labor de verificación, de conformidad o negación. La actitud del espectador-lector sería más cercana a la de un juez, a la de un funcionario que evalúa y reevalúa las pruebas hasta dar con un veredicto.

A grandes rasgos considero que existen dos tipos de críticos, para hablar un poco de estilo, que más que con la cadencia o la estética de la escritura, tiene que ver con operaciones de proceder, de acercamiento al texto y al objeto de análisis. Ambas operaciones válidas acorde a sus condicionamientos. Críticas que funcionan a modo centrípeto, donde la voz del escritor atrae toda periferia para someterla a los mandatos estilísticos individuales. Una actitud que se critica mucho a directores que en lugar de dar vida a personajes que podrían ser verdaderos, que podrían existir, funcionan como una extensión de la voz del autor. Esta actitud da preeminencia a la individualidad, al escritor por sobre el objeto de análisis. Como si lo más importante sería que puedo decir “yo” de la película en vez de que me ofrece la película, de qué forma me cambió, de qué forma incluí el objeto de análisis en mi existencia. Acá está una de las claves centrales de cualquier proyecto artístico. Es un intercambio equitativo donde incorporo la obra, donde nunca más voy a volver a ser el mismo, es una relación afectiva con el texto. Es por eso que considero, que en la medida de lo posible, el crítico debería dejarse atravesar por la estética del filme en su escritura, un intercambio entre iguales. Aquí sí habría una mayor cercanía al lugar que le otorgaba Walter Benjamin al traductor, intentando despertar un eco de sentido profundo del original. Y acá hay algo de erotizante en la relación con el filme. Susan Sontag, en su artículo Recordando a Barthes, parrafraseaba al pensador para hablar del "placer del texto". Hay que saber hacer el amor con una película antes de sentarse a escribir. 



Feb 20, 2011

71 fragmentos de la cronología del azar (1994) Michael Haneke

En la búsqueda de un espectador critico
«El arte no es un espejo para reflejar la realidad,
sino un martillo para darle forma.»
Bertolt Brecht




El dolor es inmutable; variable es, en cambio, el modo y manera como el ser humano se enfrenta a él.
No hay ninguna situación humana que tenga un seguro contra el dolor.
Es por esto que los lugares sustraídos al dolor nos proporcionan tranquilidad. [1]

Los medios de comunicación masiva vieron en esto una forma engañosa de sustraernos en un mundo utópico, dando la espalda al que tenemos al lado por la búsqueda personal del bienestar; el hedonismo desembocó así en el abandono y la apatía de los individuos. Los medios se transformaron en un narcótico que nos volvieron inmunes a lo ajeno y obsesivos por lo propio, vaciándonos de moralidad. La necesidad del ser de volverse hacia una dimensión que lo sustraiga a los dominios ilimitados del dolor, fue tomada por éstos y explotada de forma cínica, gestando seres controlados, dopados y sin un criterio lógico de visión. Dado este estado Haneke se toma el atrevimiento de realizar uno de los plano secuencia más angustiante y efectivo del cine, un plano fijo de un adolescente entrenando al ping pong con una maquina. Allí queda evidenciado como éste se vuelve maquina en relación a ésta, sus movimientos en respuesta lo homologan dejando expuesta la alienación y la perdida de lo humano.  Un plano de apenas 3 minutos permite dilatar el tiempo para producir un rechazo y a la vez un cuestionamiento a través del mismo. 

El dolor fue vaciado de sentido, y visto como algo tan lejano que no llega ni a cautivarnos. El dolor se volvió susceptible, soportable y creció a medida que progresó la objetivación. Pero esto fue así dado que somos meros espectadores pasivos ajenos a lo real, ya que lo real paso a ser la representación formulada por los medios. Se produjo una aniquilación del valor, una superficialización, una simplificación del mundo y lo más preocupante no es solamente que no se den cuenta de la demagogia que controla las noticias, sino que ni siquiera les presten atención, que las tengan tan cristalizadas que no les produzca nada. El problema terrible de la actualidad no es sólo la mirada ingenua respecto al discurso implícito que llevan las noticias, sino que es el no poder ver más, estar ciegos ante lo que sucede, permanecer fríos, no reaccionar, no molestarse. “La dieta regular de imágenes violentas ha vuelto indiferentes a casi todos, es así que un creciente grado de violencia y sadismo fueron admitidos y consumidos no causando la misma impresión que antes.” [2] La violencia se ha vuelto entretenida al igual que el dolor. Estos perdieron su valor a través de los medios de consumo masivo, y así el escepticismo y la abulia se volvieron moneda corriente. Por ello Haneke explota el fuera de campo, el no mostrar eso que se esta esperando ver como sucede en el momento del clímax de la película, éste queda relegado al procedimiento, la sed de violencia generada no es saciada, dejando al espectador insatisfecho.
El espectador actual se volvió insensible, la sobrexcitación incidió en un embotamiento de las capacidades mentales de discernimiento y los redujo a un primitivismo visual. Hubo una perdida de reacción y de compasión ante la ultra saturación de violencia y así el adormecimiento llego a su clímax. Dado este estado el director opta por dejar evidenciada esta situación a través de planos detalle cosificadores, hace uso de este procedimiento para exponer las acciones automatizadas de los protagonistas dejando visible la rutina deshumanizadora en la que están sumergidos.
En este eje es donde se inscribe el cine crítico de Haneke, quien, a través de sus films, busca un despertar del espectador, una vuelta de conciencia ante las imágenes vistas. Es por esto que edifica un cine duro, crítico y distante para sustraer la visión de su letargo actual. El espectador esta sumido como cómplice de esta estabilización del caos enajenante que no es capaz de ser visto como propio y es por esto que nada nos es gratuito en su cine, nos desplaza de ese lugar complaciente del simple ver y no hacerse cargo. De esta manera, no deja lugar al estancamiento habitual, nada esta digerido y uno debe dilucidar, dudar, cuestionar, pensar desde el primer plano. Su cine busca concientizar al espectador, a la persona, que se haga cargo, que aprenda a ver y deje de negar la realidad en el confort de la representación traicionera de los medios. Los seres humanos se han deshumanizado a través de la realidad representada por las pantallas, y así se han alejado del otro vaciándose del sentimiento de colectividad.
“El 23 de diciembre de 1993 Maximilian B., un estudiante de 19 años, mató a tres personas en una sucursal bancaria de Viena y se suicidó poco después de un tiro en la cabeza”. Con esta noticia se da comienzo a una película que es interesante no sólo por su contenido, sino por como este se condice con su forma. El contenido se vuelve sintomático de la forma; la alienación, la incomunicación, la represión, la pasividad y el vacío, son gestadores de una fragmentación en la sociedad y son los que dan puntapié a esta forma fragmentaria, en contraposición al cine de espectáculo que nos presenta las historias como discursos totalizadores de saber, como conglomerados de realidades, claramente falsos. Para mostrar esto Haneke opta por un montaje fragmentario y abrupto, permitiendo que el espectador jamás ingrese en la ilusión enceguecedora del cine y este siempre en alerta de lo que sus ojos ven. Es pertinente señalar como a través de la construcción creada por su montaje se da el espacio para jugar con la idea de verdad y manipulación, el espectador es “engañado” sobre la cronología de los fragmentos a través de lo propuesto por el titulo, una vez que se comprueba la falsedad del mismo, la duda ya esta planteada, comprobando que no hay que confiar en lo que se ve sino permanecer alerta. Toma la automatización de visión para dejar en claro la representación.
            Los 71 fragmentos propuestos nos muestran diferentes historias que transcurren en la ciudad de Viena en el 93,  con el trasfondo de la Guerra de los Balcanes como símbolo de una Europa corroída por la violencia de la guerra cercana y el cinismo de mantenerse ajenos a la misma. Estos fragmentos nos introducen en la vida de diferentes personajes: un niño inmigrante que trata de sobrevivir en una sociedad que le da la espalda, hasta que (gracias a la imagen televisiva que lo torna visible) se vuelve actante e inmediatamente “real”, logrando de esta manera ser adoptado por una familia; una pareja que quiere hacerle frente a la incomunicación que inunda su vida cotidiana mediante la adopción de una niña que en vez de devolverles la palabra expone aun más el silencio; una pareja conclusa que intenta a duras penas proseguir con la “familia” y a medida que transcurre el film se hace más agonizante la relación; un anciano y su perdida de contacto con el mundo y con su hija, encerrado en su departamento con una televisión como única compañía; y por último el adolescente que cometerá el crimen, solitario, incomprendido y apunto de estallar en cualquier momento. Quedaría por mencionar a la televisión la cual actúa como otro personaje, ya que las noticias se entrecruzan en la rutina asfixiante de estos personajes, como doble de su monotonía.
            El director toma estas historias y las explota mediante una narrativa distanciada que refuerza con sus procedimientos formales típicos, buscando interpelar al espectador y así generar una pregunta ante la realidad representada. Ya a modo de cierre pasaré a realizar una breve reflexión sobre el uso en particular del sonido en la obra de este director como un reflejo de su discurso. Como es habitual en su cine el sonido extradiegético queda clausurado, no hay refuerzo musical, ya que seria antitético y antiestético a su ser. Lo que si abunda es el silencio.  Daré como ejemplo de su uso la escena de la pareja que esta cenando, cuando el marido le dice “te quiero” la mujer entra en pánico, no comprende, dado que es inhabitual el comentario, por lo tanto lo cuestiona y termina recibiendo una cachetada de su esposo. La comida continua y el silencio se retoma, dejando evidenciado como éste es la norma de convivencia, y dejando al espectador sumido en la agonía de esta incomunicación.
            A modo de conclusión se podría decir que Haneke utiliza el medio audiovisual para exponer la manipulación que hay en el mismo, es por esto que lucha contra la imagen, la denuncia para dejar evidenciada la crueldad de esta. Interpela al espectador para sacarlo del lugar de voyeur pasivo y transformarlo en sujeto crítico y activo. Con 71 fragmentos de la cronología del azar pretende mostrar como la sociedad se haya sumida en un estado de apatía constante, como hay una falta de conciencia ante la realidad y como la representación de los medios anula el pensamiento crítico en quienes lo consumen, por eso su cine se imprime en un discurso distanciador y critico. Es por esto que se hace eco de unos ambientes que reflejan esa angustia circundante, esa fragilidad, esa vulnerabilidad de la sociedad. La secuencia de los niños jugando en el limite del anden actúa como una metáfora de la sociedad, y reafirma la idea del suicidio latente presente a lo largo de toda la película, la idea de un estar siempre al borde de la locura, de la muerte, que se actualiza en la secuencia final cuando el adolescente cruza finalmente ese limite. Ese límite es atravesado, el límite de este tipo de visión también es por esto que ahora somos nosotros los encargados de despertar y actuar de forma coherente en relación al mundo real que nos rodea.

Jennifer Nicole Feinbraun





[1]Ernst Jünger, Sobre el dolor, 1934

[2]Susan Sontag, Ante el dolor de los demás, 2003