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Oct 17, 2011

Terri (2011) - Azazel Jacobs

“Terri” ataca el corazón genérico del high-school movie, de todo ese tópico avocado a los desclasados y fenómenos quinceañeros que son objeto de abuso y segregación. Terri es un adolescente con sobrepeso que asiste al colegio en pijamas. A falta de padres, vive con su tío que sufre de alzhéimer. No tiene amigos ni modelos a seguir, más que unos pocos libros y tostadas con frijoles. El mundo de Terri empieza a cambiar una vez que entabla amistad con Mr. Fitzgerald  -John C. Reilly-, esta especie de director de colegio y buen tipo que busca ayudar a los chicos dejados de lado. 


A pesar de las condiciones en las que Terri afronta el día día, no hay una victimización desmesurada, ni tampoco una sobreevaluación del maltrato, al punto de crear esa sensación de retribución obligada o de triunfo irreal y fantasioso de los pobres perdidos. “Terri” es una especie de instantánea, una progresión lenta y minimalista hasta alcanzar una escena culminante donde todo se va al carajo. Es como si la película luchara contra la propia película, contra los condicionamientos  genéricos de la imagen high school.  Nada de moral cotidiana ni de justicia divina. Toda la película está construida con miras a una sensación de puesta a prueba, de simulacro o de testeo. Del alcanzar el equilibrio suficiente para permanecer en el teatro del punto límite. Raymond Carver escribe en su poema “Happiness”:

Such beauty that for a minute
death and ambition, even love,
doesn't enter into this.

Happiness. It comes on
unexpectedly. And goes beyond, really,
any early morning talk about it.

Un cine de la instantánea, un cine de la Polaroid. Muchas películas se construyen con miras a la resolución del conflicto moral que acosa al personaje, “Terri”, diluye el conflicto en un acto de afecto supremo. En palabras de Carver, una vez más: "Teníamos esa extraña sensación de que, ahora que nos dábamos cuenta de que ya había sucedido todo, podía suceder cualquier cosa". Es un principio de consciencia afectiva, un dejarse atravesar por la posibilidad infinita, una apertura de mundo.
 


“Terri” maneja ese mundo pulcro y nítido del colegio entregado a la estratificación social; sin embargo, las autoridades escolares participan íntegramente en la administración y política social. Así el personaje que en las primeras secuencias se presenta como antagonista o como dictador del sufrimiento de Terri, a los pocos minutos lo expulsan del colegio. Si alguien disturba de forma innegociable la moral secundaria, es sancionado. Apoyado por la fotografía y las situaciones dramáticas que se desarrollan en la primera mitad de la film, se crea una sensación de mundo superficialmente idílico e ingenuo. Terri empieza a matar ratones para alimentar un ave de rapiña, a matar por el placer de tener control sobre un mundo ajeno. Pero esta decisión no se justifica a partir de un desvarío psíquico en la personalidad de Terri, sino como propio del paso a la adolescencia. Es un mundo aparentemente idílico pero problematizado con variaciones descontroladas, como saltos inmensos unidos por la atomización de las variantes orbitales en la psicología de los personajes.


Gonzalo de Mieu

Jun 5, 2011

Sidney. Paul Thomas Anderson (1996)

El cine contemporáneo con el que convivimos nos fuerza a repensar muchos de los problemas conocidos en relación al tiempo y al movimiento cinematográfico. Nociones que de alguna forma no sólo nos vemos obligados a repensar  en el campo teórico, sino que son en sí mismas transformadas por los procedimientos intrínsecos de los films contemporáneos.
Las películas de Paul Thomas Anderson se encuentran en el centro de estas transformaciones. Por una parte, debido a cómo repiensan el problema de unos héroes envueltos en medios que les resultan extraños (el personaje – actor Adam Sandler en Punch-Drunk Love, la estrella aurática del porno en Boogie Nights). Pero también, por otro lado, dado a las reformulaciones que las mismas hacen con respecto a nuevas concepciones del tiempo.
Hard Eight es su primer film. Y en él, quizás se encuentren algunos de los núcleos que más adelante en su filmografía habrían de desplegarse. John ( es un hombre que ha perdido todo su dinero en Las Vegas y que se encuentra desamparado afuera de un diner. Sidney se le aparece y tendiéndole una mano aparentemente desinteresada, lo ayuda a recuperar el dinero a través de una serie de artimañazas en casinos. Eventualmente, la caridad de Sidney habrá de revelarse no como un hecho espontáneo, sino como un intento por liberarse de la culpa de un pasado oscuro. De una instancia temporal anterior que le averguenza y que a partir del desenvolvimiento de nuevos acontecimientos, habrá de verse obligado a  enfrentar de nuevo.

Por ello, en Hard Eight, es el devenir temporal un trascurso que no materializa un futuro posible, sino que actualiza un pasado oscuro a través de un eterno retorno.  Pero su estructura circular – el film termina en el mismo espacio y en las mismas condiciones en las que empezó - no se argumenta como fatalidad de la historia, sino que se construye justamente en relación a esa voluntad, a ese  deseo del protagonista. A ese “porque lo quise así” que se manifiesta en el nuevo asesinato que Sidney habrá de cometer, a pesar de que la nueva acción lo arroje otra vez al estado de culpabilidad inicial. Retorno que se metaforiza en las manchas de sangre que sobre el final del film, Sidney habrá de ocultar.
Es esa perspectiva del círculo temporal la que por una parte relaciona al film con otras películas “modernas” que la comparten (Polanski, Kieslowski). Pero es, por otra  parte,  la transvaloración del mismo circuito en relación a una voluntad, la que inaugura una perspectiva diferente. Inscribiendo al film no en términos de una concepción histórica determinista e ineludible, sino a partir de otra cosa. De una afirmatividad que se despliega hasta sus últimas consecuencias y que, voluntariamente, el protagonista no podrá sino volver a elegir.


Juan Almada