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Nov 8, 2011

Camino a Benares, India - Exposición fotográfica en la Flor de Barracas (2011) - Marco Cristiani





       
Si acaso la posmodernidad presento el problema de la fragmentación de los discursos y de la imposibilidad de los grandes relatos, la fotografía como microrrelato del instante podría ser pensada como el arte posmoderno por excelencia. El triunfo de las redes sociales, la multiplicación y la redistribución casi infinita de la fotografía digital nos obliga a repensar el estatuto artístico de la fotografía. La obra de Marco Cristiani esta sin duda atravesada por esa posmodernidad. Un espíritu que intenta reconstituir algunas de los fragmentos rotos, que va en busca de los tópicos, de aquellos lugares comunes para deteriorarlos y hacerlos renacer. Sus fotografías nunca van en busca del objeto en si, sino de las lateralizaciones ocultas de los signos.  La religión es uno de esos tópicos y la mirada desprejuiciada y lumínica de Cristiani no tiene problema en acercarse para ver aquello oculto. La obra de esta nueva muestra responde a la necesidad de restituir nuevas síntesis, que cristalicen nuevos conceptos sobre el lugar del fotógrafo en el campo artístico.  Pero también nuevas síntesis sobre los funcionamientos culturales de la India. Hace un tiempo atrás Cristiani declaro que la India había sido para él como la primera novia, primero te enamora y después te rompe el corazón. Esta relación es determinante en cada uno de sus encuadres y exposiciones.  Para llegar a esta relación es necesario manejarse en una pureza ingenua, que le permita no tener prejuicios o preconceptos sobre el objeto. 

Cuando un fotógrafo occidental decide decir algo sobre oriente se le presentan un montón de variables de problemas estéticos que Cristiani resuelve a partir de una construcción que no tenga un discurso prefabricado. Que vuelva a la mirada de un niño. En cada uno de estos paisajes de la India, en cada una de las personas retratadas las transferencias del artista se vuelven demoledoras.  Muchas veces expresan la tristeza de tener que abandonar una ciudad o de nunca más volver a ver una persona a la cual se quiso, como si eso sucediera siempre por primera vez. Fotógrafo prolijo, de técnica equilibrada que todavía cree, en tiempos en donde parece ponerse en jaque la fe, que el verdadero arte nace cuando se trabaja con el corazón de la especie. 

http://www.facebook.com/event.php?eid=140934222675303
                                                                  
                                                                                                               Escribe Santiago Asorey

Jun 23, 2011

Louise Bourgeois

El retorno de lo reprimido 

Curador Philip Larratt-Smith




Av. Pedro de Mendoza 1929
La Boca, Caminito
[C1169AAD] Buenos Aires
Argentina
T [54.11] 4104.1000
E info@proa.org

Lo siniestro
"Horizontality is a desire to give up; to sleep and be passive, to retreat.
Verticality is affirmation, and attempt at a peaceful compromise and desire for acceptance.
Hanging and floating are stares of ambivalence and doubt"

Louis Bourgeois





Con una sala compuesta de diferentes obras que en su conjunto plantean un espacio a recorrer perturbador (obras que cuelgan del techo, otras que yacen tras una vitrina y otras que se hallan amuralladas en las paredes) se nos introduce en la psiquis fragmentada de una artista que busca respuestas, que se encuentra vacilante ante un espacio plagado de grietas, de vacíos por llenar. El estado de incertidumbre en torno a lo fenómenos narrados, nos adentran en una obra compleja donde el espectador debe dilucidar a través de la perspectiva dañada del autor. Esta mirada inestable, nos remite al extrañamiento planteado por Shklovsky "crear formas complicadas, incrementar la dificultad y la extensión de la percepción, ya que, en estética, el proceso de percepción es un fin en sí mismo y, por lo tanto, debe prolongarse" esto produce la desautomatización del espectador, quien es puesto en un lugar inquietante. Nada esta digerido sino que se debe realizar un proceso de comprensión para alcanzar el significado de lo narrado. Hay una ruptura significante-significado, que hace que tengamos que ser nosotros quienes podamos significar nuevamente ese espacio.
En su conjunto la obra da cierto aspecto lúdico, los materiales usados generan contrastes; por su textura (muñecos de toalla), su brillo (Arch of Hysteria) y su fragilidad (colgados o enclaustrados tras un vidrio). La sala implica salirnos del marco usual de nuestras definiciones y reinventar nuevas reglas, proyectarse en un rol inaccesible a modo de escape, necesario si queremos intentar alterar nuestra relación con el mundo. Mediante este juego se vislumbra como la trasgresión, con un poder dual de fascinación y repulsión, de ambigüedad entre lo animado e inanimado, de lo muerto y lo vivo, dan lugar a la emergencia de lo siniestro.
Sumido el espectador a la psiquis de Bourgeois, ve alterada su resonancia afectiva habitual con el medio. Los muñecos que cuelgan de la sala adquieren otra connotación, el inquietante devenir de objetos infantiles en metáforas de traumas de una niñez corroída, erizan la piel y exponen la dualidad. Dualidad tanto material como formal. Estos “Lairs”, figuras biomorficas que aluden a lo genérico, deconstruyen la primacía del falo y enfatizan la condición femenina, renuncian a la identidad, pierden su rostro o su cuerpo (sumatoria de elementos anula la divisibilidad), gestan la desindividualizacion. El cuerpo oscila.
En 1919 Sigmund Freud se preguntaba sobre lo Unheimlich, lo siniestro y caía en la cuenta, que a menudo el termino se aplicaba a una acepción un tanto indeterminada por obedecer a la capacidad subjetiva del individuo de experimentación. En primera instancia da con la definición de Jentsch que ubica en la incertidumbre intelectual (lo insólito) a lo siniestro. No conforme da paso a la definición de Schelling donde se propone lo siniestro como todo lo que debería quedar oculto, secreto pero que se ha manifestado. Esta definición se acerca un poco más en lo que derivará su análisis, si bien no termina resolviendo del todo la respuesta, se focaliza en el carácter siniestro del complejo de castración.
Esta sala en particular remite a la infancia de la autora devuelta bajo el manto de la terapia. El carácter siniestro de la misma esta dado por la resignificación de esas esculturas, de su puesta. Esos muñecos adquieren un carácter aterrador dada su composición. La tela de la que estan hechos contrasta con las imágenes que nos ofrecen: sujetos desmembrados, sujetos entrelazados que pierden su identidad en el conglomerado de curvas, sujetos con las cuencas vacías, sujetos sin órganos sexuales. La identidad de las formas remite a un lugar de indefinición, a una génesis. La totalidad de la composición de la obra en esta sala plantea una búsqueda alegórica al trauma, sin exponernos de frente con él, sino haciendo un recorrido deconstructivo del mismo a través de las diversas imágenes. Todo lo que Freud planteaba como posibilidad de respuesta al Unheimlich se ve expuesto aquí. La castración como eje fundante, la castración atenuada por sustitución en Edipo (el ojo por el miembro viril), la incertidumbre intelectual respecto al carácter animado o inanimado de un objeto, objetos inertes con apariencia cercana a lo humano, desdoblamientos del yo multiplicados hasta la instancia de perdida de lo individual en lo colectivo, repetición de lo semejante .

El curador al decidir llamar la muestra “El retorno de lo reprimido” da una pauta de análisis sobre la misma que es coincidente con la de Freud, ya que finalmente el da como respuesta:“lo siniestro en las vivencias se da cuando complejos infantiles reprimidos son reanimados por una impresión exterior o cuando convicciones primitivas superadas parecen hallar una nueva confirmación”. Aquí radica lo siniestro de esta sala, el espectador al recorrerla puede ver como esos objetos vacilan ante nosotros en búsqueda de una actualización, ellos forman parte de esa impresión que nos devuelven a una infancia traumática y reprimida. Al actualizar el mensaje el espacio se vuelve liberador.

Jennifer Nicole Feinbraun