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Sep 8, 2011

Grizzly Man (2005) - Werner Herzog

 escribe Santiago Asorey



“Grizzly Man” es un documental sobre un hombre que deja la vida civilizada de la ciudad para ir a experimentar la vida salvaje en una reserva natural de Alaska. Es la historia de Timothy Treadwell que se paso trece años de su vida en los bosques rodeado por osos grizzly. Timothy tiene una visión antropomorfizada de la naturaleza. Cree que cada uno de los animales del bosque, inclusive un zorro que ronda por ahí, tiene cualidades humanas.El relato le atribuye esta relación idealizada de la naturaleza a determinados fracasos en su relación con los seres humanos. 

La visión de Timothy esta constituida por un modelo perceptivo de la naturaleza que parte de la conciencia burguesa de los hombres que proyectan valores “humanistas” hacia a los animales. Como piensa Fernando Vallejo quien siempre se jactó de preferir a los animales; ratas, perros antes que a los seres humanos. La visión del ecologista es una visión falsa en su creencia fundamental porque piensa a la naturaleza en relación al ser humano. El discurso ecologista quiere salvar a las ballenas para disfrutar él de ellas. Quiere que no se contaminen las aguas para poder aprovechar ese recurso durante muchos años mas. En realidad es una conciencia burguesa que se centra como lugar estable y proyecta hacia la naturaleza para dominarla con sus valores. Vallejo diría algo asi, no lo cito textualmente: yo quiero que los perros le sobrevivan a todos los seres humanos, para que sobrevivan los perros y punto.  La visión de Werner Herzog sobre la naturaleza es una visión completamente opuesta a la de su personaje Timothy. Para Herzog la naturaleza es cruel y es puro instinto y no responde a cualidades morales humanas. Para el autor del documental, la prueba más grande de esto es el destino trágico de su personaje que termina siendo devorado por los osos, a los cuales Timothy tanto estimbaba y idealizaba.  Es que para Herzog la relación del hombre con la naturaleza es una relación que siempre recorre los límites de la crueldad y la locura. En “Aguirre la Ira de Dios”, Aguirre termina completamente solo flotando en una balza, rodeado por monos en el perpetuo devenir de la locura.  Es como si en esa lucha milenaria entre hombre y naturaleza; el hombre siempre tuviese todas las de perder y finalmente su conciencia termine quebrada. Es el caso de “Grizzly Man”, Timothy termina siendo asesinado por aquello que amaba. Lo impresionante en Herzog es la capacidad por captar en sus planos esa cualidad inhumana, cruel y amoral de la naturaleza. La virtualidad que trabaja en la densidad temporal de sus planos de la naturaleza van devorando la naturaleza burguesa de sus personajes. Logran romper con el principio de individuación del cual hablaba Nietzsche, que no es otra cosa sino la ultima frontera de la locura.

Existe una forma de pensar al artista como un cínico. Un autor que organiza todos los elementos para dar en el blanco emocional del espectador. Pero para llevar a ese lugar necesita correrse del pathos.  El artista es un cínico porque él no es el que se emociona, es el que hace emocionar a los demás. Si un cantante llora desafina, si un escritor se emociona pierde de vista su blanco en el lector. Si un autor cinematográfico no adquiere la distancia suficiente para reorganizar la narración para dar en el blanco fracasa. El cinismo esta vinculado a un distanciamiento. Werner Herzog tiene el perfil del artista cínico. Una escena brillante de Grizzly Man prueba como funciona su cinismo. Principalmente porque el participa doblemente en esa escena. El se pone en pantalla y como artista cínico reorganiza todos los elementos audiovisuales que se ponen en relación. Herzog escucha la grabación de los minutos de la muerte de Timothy al frente de la mejor amiga de Timothy. Ella nunca escucho la grabación- al igual que el espectador- e intenta buscar en la cara de Herzog la respuesta de su muerte. Herzog decide no poner en pantalla la muerte de Timothy. Solo queda ella como una virtualidad que se vuelve un fantasma. Es ahí donde logra el milagro, hacer visible lo invisible. La decisión de Herzog de no poner en pantalla la muerte de Timothy es una decisión ética y estética que habla de él como artista y gran espíritu. Es la prueba de que la pornografía no esta nunca ligada al contenido. Que se puede filmar el acto mas cruel sin ser pornográfico. Como también se puede filmar lo mas inocente siendo pornográfico. Y por pornográfico me refiero a explicito. Acaso la genialidad de Herzog sea la de construir personajes que están siempre en tensión entre un mundo burgués y la locura como experiencia absoluta del conocimiento. Pero sobretodo que esa locura no pueda ser nunca mostrada explícitamente sino tiene que nacer a través de un proceso alquímico que la hacer aparecer. Ese es el acto puramente cinematográfico del cual Herzog conoce tanto.

Apr 19, 2011

Cave of Forgotten Dreams - BAFICI (2011)


El Rescate de los Sueños
Por Benjamín Harguindey, 12/04/11

Cualquier cosa que exista, dijo, cualquier cosa en la Creación que exista sin mi conocimiento existe sin mi consentimiento (…) Sólo la naturaleza puede esclavizar al hombre y sólo cuando la existencia de cada entidad sea desenterrada y forzada a comparecer desnuda frente a él, el hombre será amo propio de la tierra.
-Cormac McCarthy, Blood Meridian.

Así habla el juez Holden, el Gran Devorador configurado por McCarthy en su absurdo post-apocalíptico. La figura de Holden, con su autoproclamada misión de conocerlo todo para todo dominarlo, remite al demonio gnóstico y su reconocimiento experimental de las cosas: para destruir, uno debe primero llamarse amo. Holden no puede destruir aquello que aún no ha plasmado en papel, de la misma forma que no puede ahogar a un cachorro sin antes comprarlo legalmente, o romperle el pescuezo a un niño que no ha seducido con dulces.
En Werner Herzog encontramos algo de esta obsesión por el dominio, pero donde el demonio gnóstico domina para poder destruir, Herzog busca dominar para poder representar. Él debe remontar los rápidos amazónicos para llamarse director de Aguirre, la ira de Dios, de la misma forma que debe remolcar un barco sobre una montaña en Fitzcarraldo, y debe escalar lo inescalable en Cerro Torre. Sus películas suelen ser ficcionalizaciones de sus propias aventuras, las cuales, a su vez, son causalidades de sus proyectos de ficción: paradojas ontológicas, o la documentación de sus ficciones y la ficcionalización de sus documentales.
La Cueva Chauvet, ubicada en la Francia rural, fue descubierta en 1994 y ha sido desde entonces conocida como la guarida de las pinturas rupestres más viejas del mundo, datando ostensiblemente 32.000 años. Es celosamente custodiada por el gobierno local, que no permite a nadie ingresar en este relicario artístico y mineral. Herzog se afana de ser la rara excepción en el sistema, que por primera vez permite el ingreso de cámaras, con Herzog a la delantera. Pone su cuerpo, como siempre; más importantemente, pone la voz. Narrando, Herzog deviene en un Cronos familiar y avejentado, incansable dentro de su propia fascinación.

En Herzog, la naturaleza es una situación que encontramos suspendida en perenne sublimidad; sólo una acción heroica puede alcanzarla y equipararla, aún cuando ésta esté destinada a fallar. Los Aguirre del mundo nunca encontrarán su El Dorado ni los Fitzcarraldo colmarán la jungla peruana con Caruso. Estos paisajes “inacabados y abandonados por Dios en un rapto de ira”[1] nada piden de ellos ni nada deben a sus actos de soberbia. Cave of Forgotten Dreams no es exactamente una reflexión sobre este tipo de engreimiento; si bien la Cueva Chauvet se presenta como la omnipotencia del tiempo, Herzog ya no necesita de héroes de ficción ni de misiones dictadas por ínfulas de grandeza. Probablemente por ello la expedición se presenta como una victoria, y las imágenes robadas de la cueva como un tesoro, representativo no de un hombre sino de todo un mundo.
Es a través de una sencilla acción que el patetismo se eleva, aún cuando momentáneamente, a un nivel comparable al de la naturaleza sublime. Herzog recuerda a sus Woyzeck y Stroszek, y les revive a través de breves retratos de los expedicionarios de Chauvet: suelta a un perfumero en la cueva para rastrear olores que no encuentra, filma [varios, fallidos] intentos de lanzar una lanza como el Cromagnon de antaño, viste a un hombre de esquimal y le pone a tocar el himno de EEUU con una flauta prototípica, coteja mapas con un artista circense devenido arqueólogo. En línea con el espíritu centrífugo de su filmografía documental, Herzog digresa y reemplaza el mito cavernario platónico por Fred Astaire bailando con su propia sombra. Herzog elige a estos hombres como los verdaderos héroes de la expedición, gente marginada por su sencillez, que trascienden no por su heroísmo sino por una efímera, accidental vinculación con la primigenia caverna.
A medida que Herzog narra su relato de viajero cansado, presenta los desafíos que asedian al equipo de filmación. La dimensionalidad espacial y la escueta temporalidad disponible son solo tecnicismos que le entretienen; el verdadero enigma está en la representación de las imágenes más viejas del mundo – ¿cómo se filma la primera imagen? ¿Cómo se da cuenta del cine al proyectar imágenes fijas, verdaderos cristales sin origen discernible?

La solución propuesta por Herzog es el 3D. La imagen estereoscópica es una imagen doble, impresa una encima de la otra, y corregida por lentes para generar la ilusión de tridimensionalidad y profundidad de campo. Herzog se hace de esta imagen doble para permitir al espectador no una sino dos veces la entrada a la cueva que de cualquier otra forma se haya vedada. Sus contenidos no alcanzarían el imaginario popular sino fuera por Herzog en su función de espía, recolector de huellas e impresiones que singulariza con juegos de luces que abren y cierran lecturas. Esta duplicidad de la imagen es tanto más realista si pensamos la imagen primera como representación in absentia de la caverna y la segunda como la huella táctil que invade la percepción del espectador.
Pero pensar en Cave of Forgotten Dreams como una película que problematiza la imagen arcaica y su representación sería inapropiado. Ya en Nosferatu, Herzog comienza su película con un panteón de momias cristalizadas en el tiempo, congeladas en lo que parecen gritos y muecas de dolor. No poseen un lugar claro, ni en la diégesis de la ficción ni por fuera de ella. Quizás en ese entonces las momias remitían al carácter sobrecogido y fetal del epónimo vampiro, un parásito enfermo sin cuerpo huésped, lejana la pulsión sexual de Bela Lugosi y condenado a hacerse polvo. La Cueva Chauvet es la continuación victoriosa de aquella cueva de muerte: una cueva más vieja y más nueva a la vez, albergue impoluto de arte puro y cápsula de tiempo de la cual Werner Herzog, autodenominado “conquistador de lo inútil”, domina estas señales de vida, y en el acto, las devuelve a la vida.



[1] Werner Herzog, Conquista de lo inútil – Diario de filmación de Fitzcarraldo