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Jul 2, 2017

Beyond the Black Rainbow (2010) - Panos Cosmatos

El Goce de Reprimir

“Sabes, nuestras sesiones son mi parte favorita del día,” 
Dr. Arboria, Beyond the Black Rainbow


Hace unos años Canadá saco un film –Beyond the Black Rainbow-, que al parecer es una simplemente critica a la medicina moderna. Pero la película es mucho más que una simple crítica, toca temas existenciales y metafísicos, además la estética es un obvio homenaje a los ochentas y setentas. Un poco como Drive, el film replica la estética de esas épocas y la traduce con problemática actual como si fuera un filtro que cambia la era pero no los conflictos.

La película narra la historia de un paciente del sexo femenino –Elena- que esta atrapada en un hospital psiquiátrico. La paciente tiene poderes de telepatía pero toma pastillas que reprimen tal poder. Es tratado por el Dr. Arboria, el cual al parecer tiene un gusto excesivo hacia su trabajo.   

El Dr. Arboria, en un proceso que el mismo define como curativo, intenta contralar a Elena atreves de la represión de su psiquis y de su poder expresivo. Acá la analogía es obvia, Arboria es un doctor que trata psicológicamente a sus pacientes usado las pastillas como represor de ciertos estimulantes en el cuerpo para que el paciente quede sedado y sin el poder de cumplir ciertas funciones básicas del día a día, en otras palabras es un psiquiatra.

En el caso de Elena se le reprime el poder de expresión, por esto pierde el habla, gesticula poco y tiene la tendencia de actuar violentamente ante ciertas situaciones. Lo último cae con cierta resonancia porque es las consecuencias de no poder expresar lo que uno le incomodo o lo molesta. Esto ocurre en los hospitales psiquiátricos, donde se exige a los pacientes que no opinen sobre ciertos temas y que tampoco usen ciertas formas de expresión no verbal y después se castiga cuando se reaccionan violentamente ante tal represión.

Ese el principal problema y principal temor de los hospitales psiquiátricos no se permite la expresión individual –y en muchos casos la grupal también se restringe,- esperando que el sujeto entienda que es por su propio bien, cuando jamás algo así puede ser benevolente para un individuo o la sociedad que le engloba.  


Reprimir una forma expresión para el individuo es un acto enmasculador. La realidad como la conocemos es una representación de la esencia. Esto ocurre porque vivimos en un mundo con una infinidad de sujetos y una infinidad de diferentes comunidades y debe ver un conceso de cómo se perciben las cosas, sino sería imposible relacionarnos.

 Por lo tanto lo que percibimos es una representación de la esencia o debería ser una representación de la esencia. Digo esto porque a veces hay desviaciones y se representa otra cosa ajena a la esencia. El resultado suele ser sufrimiento para el sujeto y para aquellos que le rodean, ya que la esencia tiene una necesidad de expresar que es y como es verdaderamente.  Y el ser al no sentir la posibilidad de expresar su esencia no puede ser más que contestar violentamente, el cual es una consecuencia lógica.

Esto se ve claramente cuando la enfermera intenta torturar psicológicamente a Elena y ella la repudia con un ataque psíquico. Ahí justo está el problema: la telepatía de Elena es una forma de expresión de su esencia, por lo tanto lo más que se reprime lo más es probable que se manifieste violentamente, Elena en verdad tiene poca elección en el asunto, es como una pérdida de control casi, pero la causa de esto, en vez de ser por un desequilibrio en la psiquis se debe a energía interna que está contenida, que debe liberarse de una forma u la otra. Por esto formas de expresión jamás de deberían reprimir y solo limitar o desviar hacia otras formas de expresión cuando se trata de faltar el respeto a los demás.  


Y más allá de eso, la expresión de la esencia puede expresar cualquier cosa si es fiel a la misma esencia. Dicho de otra forma, las cosas se concretizan desde un mundo irreal e imaginario –donde esta esencia- y se hacen reales por lo tanto tangibles. Si el material de un mundo real viene de un mundo imaginario, la conclusión es sencilla: no hay límites de lo que se puede crear o consensuar como real, solo se necesita un poco de retórica filosófica y el poder de llegar a ciertos acuerdos.

Esto funciona a nivel individual y colectivo al mismo tiempo. Nosotros al estar vivo al día a día estamos creando y articulando nuestra propia experiencia.  De una forma elegimos los problemas que vamos a tener y las herramientas que vamos a tener en las manos para solucionar tales problemas, también elegimos como vamos a representarnos y cómo vamos a expresarnos.

Si alguien no puede solucionar un problema en su vida o es por constricciones sociales o porque esa misma persona se pone trabas. Y estos un poco lo que debería ver la psicología como liberar al sujeto para que pueda expresar constantemente y cómo articular la relación que tiene el sujeto con sí mismo para que tengo una mejor noción de conseguir lo que quiere sin ponerse obstáculos mentales a sí mismo, además de encontrar maneras de instruir a sujetó para que no aniquile el querer de otros.

Por otro lado, se puede deducir que vivimos en una realidad que aun reprime la esencia de uno y actuar como un orate es la única manera digna y permisiva de liberal la energía reprimida. Por esto, la exigencia de la sociedad de reprimirse, -dados en muchos índoles como la medicina, el trabajo o las amistades- motiva a que las personas suelan gritar más y buscar controlar más mientras van creciendo, ya que tienen contenido cosas que expresar que su cuerpo y representación ya no aguantan contener.


Un poco más y se podría de decir que la sociedad da el goce de reprimir, en otras palabras aquellos que ya fueron reprimidos mucho tiempo buscan reprimir a otros como una forma desviada de venganza. Esto se note en el Dr. Arboria que se reprime tanto que debe usar maquillaje e implementos con la intención de esconder su forma. Se avergüenza de su propia expresión por eso cree que los demás tampoco deberían expresarse. Y un poco esas la patología más preocupante ya que de todas maneras va buscar reprimir el quiere de otros. Lo más atemorizante de este paradigma es que muchos psiquiatras al parecer sufren del mismo goce. Tienen el mismo problema del Dr. Arboria: les gusta mucho su trabajo, demasiado diría yo. Casi como su placer máximo es reprimir la expresión de otros.

Y todo da más miedo cuando los psiquiátricos venden la idea que muchas condiciones psicológicas no se pueden curar, solo controlar. Muchas enfermedades mentales se han relacionado con ciertas sensibilidades, por ejemplo la bi-polaridad y la schizofrenia constantemente son vistas relacionadas con la creación artística. Esto te hace dudar: ¿realmente es mejor para los sujetos y la sociedad que los diagnosticados con enfermedades mentales sean tratados con un régimen psiquiátrico, mientras al mismo tiempo se niegan sus poderes de expresión? 

Al final la solución que propone la película es simplemente: ante un sistema fachistoide que reprime tu poder de expresión a toda costa a uno solo le que expresarse libremente y enfáticamente, llevara a los poderes de represión caer por su propio peso.  Por eso la sociedad siempre debería permitir un lugar para que los individuos y comunidades se expresen libremente así el goce al reprimir desvanece y el malestar disminuye, las consecuencias de la alternativa son simples: derribar a la violencia extrema desmesurado.


Gabriel Zamalloa

Jun 3, 2017

Los 4400 (2004-2007) - René Echevarría, Scott Peters


Los “4400” es una serie de ciencia ficción creada por Scott Peters y René Echevarria. Ambos  guionistas televisivos dedicados anterior y posteriormente a la finalización de los “4400”, al género de la ciencia ficción. Peters fue uno de los iniciadores del remake de “V”  (2009-2011). Echevarria viene de una larga tradición avocada al género. En los noventas como guionista de “Star Trek”, a principios del dos mil  hizo algunos trabajos en “Dark Angel”, y posterior a los “4400” en “Médium” (2005-2008).

Los “4400” fue emitida desde el 2004 al 2007. Cuatro temporadas. La primera de seis capítulos y las restantes de trece capítulos cada una. La serie retoma la desaparición de 4400 personas en distintos años y espacios y su devolución al presente como si nada hubiese cambiado, como si todo aquel tiempo faltante hubiese sido un abrir y cerrar de ojos para los desaparecidos. Todo parecería marchar más o menos bien hasta que los abducidos comienzan a desarrollar habilidades sobrenaturales en base a una mayor utilización de las potencias de los hemisferios cerebrales. Las nuevas facultades sobrehumanas tampoco son muy innovadoras.  Las mismas de siempre: telequinesis, sanadores, todos los poderes avocados a las neurociencias, camaleones, viajes en el tiempo, premoniciones,  etc. Estas habilidades –que siempre tienden a una lucha maniquea– imponen la necesaria participación del gobierno y sus fuerzas policíacas. En este caso NTAC, donde se focaliza en dos de sus agentes. Jacqueline McKenzie haciendo de Diana Skouris, y Joel Gretsch interpretando a Tom Baldwin. Ambos actores con experiencia en series de investigación policial, ya sea en “CSI” o “La ley y el orden”; y Gretsch también protagonistas de la mini-serie “Taken” presentada por Steven Spielberg en el 2002. La temática alienígena no es extraña a Gretsch, quizás por eso la primera temporada decepciona tanto. Hay múltiples indicios que juegan con la abducción alienígena, con la vida en otro planeta y su interacción enigmática con la Tierra; sin embargo, una revelación  final nos aclara que los 4400 fueron abducidos por hombres del futuro para evitar una catástrofe inmediata cercana al apocalipsis. La guerra del futuro se va a luchar en el pasado. Ese es el log-line con el que la serie intenta ser creativa. No es necesario aclarar que este tipo de argumentos  están repetidos hasta el hartazgo en la historia del cine, en la historia de la ciencia ficción y explotados a gran escala en la actualidad televisiva. Más allá de la reiteración argumental, este cambio brusco en la tensión dramática se torna decepcionante, farsante y cobarde.


Con la segunda temporada pasa algo extraño.  La segunda no indaga tanto en la guerra pre-apocalíptica entre hombres del pasado, futuro y presente como en el desarrollo y presentación de los personajes. Cada personaje y sus conflictos morales. Sea por las nuevas habilidades, sea por estar en contra de las políticas del gobierno contra los 4400 o simplemente conflictos familiares y amorosos. En esta temporada es cuando la serie empieza a tratar con problemas sociales y proyectar futuros escenarios que contengan esos valores sociales y morales usando a los 4400 como excusa. Se indaga en personajes como Jordan Collier que abre un centro para agrupar  y proteger a los 4400. Centro al cual se acopla Shawn, el curandero que abandona su familia en pos de una lucha mayor. Por otro lado Lily y Richard que sin explicación concibieron un hijo similar al de “The Omen” (1976). Este es el mejor momento de la serie y definitivamente la temporada más equilibrada.  Quizás porque cuando las series se concentran en darles peso real a los personajes –aprovechando una disposición absoluta de tiempo–  es cuando se destaca una de las cualidades materiales que las diferencian del cine.

En la tercera temporada las cosas empiezan a flaquear y desbandarse. Si la primera fue meramente una introducción decepcionante, la segunda la presentación del conflicto central  y sus personajes, en la tercera la serie pierde el eje. Podría resumirse los trece capítulos de la tercer temporada en dos o tres. Esto en parte tiene que ver porque la serie incorpora la sorpresa como recurso narrativo perseverante. Así aparecen y desaparecen personajes, muertos que retornan a la vida, saltos cualitativos en la psicología de los personajes sin un desarrollo temporal, descubrimientos científicos mágicos que cambian el curso de la historia sin mayor pretexto. El proceder de los “4400” se vuelve por momentos inverosímil. Por ejemplo, aquel bebé multipoderoso despierta en la adolescencia de noche a la mañana. Esta aceleración en la longevidad  es proporcional a una ganancia en los años de su madre, Lily –un personaje bastante fuerte en las temporadas anteriores– que se hace vieja y muere. De esta forma Isabelle, el bebé súper humano, se torna primer antagonista demoníaco de la serie, programada para destruir a los 4400 por la elite pro apocalíptica del futuro. Tom Baldwin y el resto van a luchar por una final humanización de Isabelle. La tercera temporada es una marcha acelerada para prepararle el terreno a la cuarta. Aquí se introducen nuevos conflictos de orden social. Una droga que permite a cualquiera que se la inyecte obtener habilidades especiales como la de los 4400 con una chance del 50/50 entre la muerte y la evolución. Y todos esos discursos conocidos sobre el mejoramiento de la raza humana, el gobierno conservador y militarmente estratégico para retener el cambio, y la posición media que busca la paz entre ambas facciones.

La cuarta y última temporada viene a resolver las cuestiones pendientes de las temporadas anteriores y resignificar hechos pasados. La solución es de orden religioso-mesiánico. El mesías venido a traer el paraíso a la Tierra y forzar la revolución, los diez agentes del futuro que luchan por impedir el cambio, el gobierno que está pintado, y las posiciones medias de los personajes más empáticos que buscan un puente sin bajas humanas entre los que tienen y los que no tienen habilidades. De esta forma a partir de un libro antiguo y profético –una vez más inverosímil- todos los personajes yanquis comienzan a fijar un lugar, un rol predestinado que los impulsa a luchar por una causa mayor con base en un argumento verdaderamente original: la fe.

Dos últimos comentarios. El primero en relación a este personaje, Jordan Collier. Desde la intencionalidad de los guionistas en la segunda temporada Collier es presentado prácticamente como un villano; en la tercera,  cubierto por la ambigüedad de si este tipo es bueno o malo; y en la cuarta, su final reivindicación como el mesías. El problema es que más allá de que la serie se encargue en cada capítulo, a modo de propaganda, de afirmar explícitamente que este tipo es un buen tipo; Collier es un personaje detestable. Y no uno de esos personajes detestables pero queribles. Es un personaje verdaderamente anti empático. Todo ese esfuerzo por querer darle un cierre a la serie manipulando las afecciones del público es claramente forzado e improductivo. Segundo comentario. El hijo del agente Tom Baldwin, Kyle, que en toda la serie aparece y desaparece,  que se mantiene suspendido merodeando sin un papel claro. En la cuarta temporada finalmente encuentra su lugar y se torna protagonista fundamental de la causa mesiánica. Esta especie de personaje comodín, cuyas decisiones y acciones pelotudas comen tiempo a lo largo de toda la serie, son directamente proporcionales a la terrible cara de pelotudo que tiene y que se empelotudece aún más con cada capítulo.

Si hay algo que rescatar de los “4400”, es darle lugar a un género y una temática dejada de lado por el cine hace muchos años. Así como los “4400” roba descaradamente de películas anteriores, series posteriores roban descaradamente de los “4400”. Todo contribuye a mantener con vida un género que ha pasado a la televisión y que ha dado lugar a grandes producciones todavía más meritorias que las cinematográficas.


Gonzalo de Miceu

Oct 31, 2011

Matrix (1999) - Larry y Andy Wachowski


Las dos caras de la mentira. The Matrix
En la escena clave de Matrix, el personaje Morpheo plantea al protagonista Neo el dilema central del film: debe optar entre una pastilla azul, eligiendo consigo la vida dentro de la matrix – una realidad concebida como un sistema de redes cibernéticas fabricado por máquinas -, aceptando la ilusión de creer verdadero aquello que lo engaña, ese régimen; o la pastilla roja, asumiendo consigo la verdad que está detrás del sistema, rompiendo la alienación que lo hace posible.
The Matrix se inscribe en una tradición de películas que se plantean la consideración de una realidad “verdadera” escondida detrás de la experiencia cotidiana. Una variante del género conspirativo que introduce ya no la posibilidad de una realidad escalonada en niveles de saber, sino en niveles de saber que configuran dos realidades diametralmente divergentes, atravesadas por circuitos de computadoras y códigos que a la vista del individuo corriente, son inaccesibles. La separación en el film no se da a partir de una armonía fundada en la ignorancia de aquellos ubicados en niveles de saber más bajos, sino que se entiende como la batalla de dos partes. Los guardianes de la Matrix son programas de computadora, defensores de ese status quo, que luchan contra los habitantes de la ciudad de Sion, la única ciudad que ha quedado fuera de él.
En el fondo, un film como The Matrix es concebido sólo en la medida en que se traza una profunda escisión ideológica entre el mundo de los sueños - de la alienación, la mentira – y el mundo de la verdad, aquel que está fuera del sistema, fuera de la Matrix. El funcionamiento de la oposición y los móviles de los personajes se sustentan sobre la negación de la otra parte. Como en el dilema de Morpheo, la posibilidad de una conciliación, de una tercera alternativa ni siquiera se vislumbra entre las opciones que lo conciernen. El círculo sobre el cual se cierra The Matrix, establece a estas oposiciones sólo en la medida en que los elementos de dichas están autonomizados. Se enfrentan el desfuncionamiento, la realidad invertida de la Matrix, al funcionamento de lo verdadero (su afuera) aboliendo en el proceso la posibilidad de incorporar ambos a un esbozo de la totalidad. De la misma forma, en el discurso capitalista moderno se justifica la existencia de sociedades subdesarrolladas como una excepción de la armonía, como una consecuencia de la propia incompetencia de esas sociedades, y no como una necesidad profunda del sistema mundial, lo que equivaldría a incorporar la deformación al todo.

La promesa de Sion es la promesa del iluminismo del siglo XVIII. La promesa de la libertad a través de la verdad, de la razón. En la Matrix, los sentidos son engañados, sólo el poder del saber puede distanciar a Neo de la farsa. El sujeto desalienado que propone el film se homologa de alguna forma, al Ulises de la Odisea en el episodio de las sirenas que, para no caer en la locura, debe dominar las pasiones atándose al mástil esquivando el efecto hipnótico del canto. Aquí, esas pasiones fraudulentas se reactualizan mediante el dispositivo perverso del sistema infomático que configura la matriz, opuesta a la resistencia de la ciudad de Sion.
No obstante, resulta difícil pensar en cómo viven los habitantes de Sion, porque es asimismo difícil imaginar un mundo en el que la experiencia de la vida excluya a la fantasía, a la ilusión. La realidad, bajo estas coordenadas, sería demasiado difícil de sobrellevar. Por ello, la alternativa de una realidad atravesada por la ilusión, y no opuesta a ella, se revela como una necesidad fundamental. Incorporar la deformación al todo. Construir a partir de él un imaginario ideológico. Hay que elegir una tercera pastilla.

Juan Almada

Oct 4, 2011

Transformers III, Dark of the moon (2011) - Michael Bay

·                          Reseña Crítica 


                                    Escribe Santiago Asorey
                                            
  Aquella leyenda urbana que insistía que los Estados Unidos nunca llego a la luna, siempre enfrento las especulaciones de los escépticos contra las fotos y filmaciones que mostraban que el hombre había alunizado. Los escépticos insistían –insisten- que en realidad todo aquello había sido una farsa cinematográfica. Que los primeros pasos del astronauta Neil Armstrong en la luna habían sido en realidad en un set de filmación.  En “Transformers III; Lo oscuro de la luna”, el relato comienza replanteado también aquel hecho histórico. No se cuestiona su veracidad. Pero se replantean los motivos por el cual el hombre viajo a luna. Según el relato el presidente de los Estados Unidos, J F Kennedy inicio el programa de Apolo para ir en busca de un extraterrestre (el Transformer Sentinel) que se estrello en la luna. El filosofo Bernardo Stigler teorizo acerca de cómo la imagen digital viene a replantear el estatuto de la imagen. El truco ya no es la excepción sino la regla, ya no hay una huella en la imagen que nos traiga la verdadera luz que registra  la cámara. Si la imagen ya no es prueba de que aquello existió, las posibilidades del relato pueden reconstruir nuevas formas del mito. Inclusive transformar la historia del alunizaje norteamericano.  
·                                
·                                 La imagen digital es una imagen sintética, que construye un nuevo espectador.  Ya  no podemos creer en la imagen porque no viene de la huella de lo real. Pero el cine digital lo que mata es la idea de una huella real original, todo lo que hay son capas de imágenes sintéticas. Es por eso que en el inicio de “Transformers III” la combinación de imágenes de archivo (originales) del presidente Kennedy y las imágenes digitales (artificiales) no se dejan distinguir. Nos podemos percibir cuales son las imágenes de archivo y cuales son las imágenes digitales. El truco dejo de ser excepción para volverse regla y el campo de la construcción audiovisual se volvió una serie indeterminada de simulacros. En “Transformers III", ya no importa lo filmado, sino la posibilidad técnica de construir nuevas imágenes de la tecnología humana. Al fin y al cabo, la humanización de los Transformers, de los Autobots, es la metafora de la tecnificación del hombre. Del paso en que el hombre se convierte en una maquina. Como lo explica Zizek. “El horror no es el espectro (particular viviente) dentro de la máquina, sino que la misma máquina está en el corazón de cada espectro”. Como si nuestro corazón hubiese sido copado por el motor de una Ferrari.

Sep 27, 2011

Stargate (1994) –Roland Emmerich

Reseña crítica:




En su segunda película en los Estados Unidos Emmerich se permite ahondar libremente en el género del cual es afín. Stargate conjuga el viaje espacial con el antiguo Egipto. La historia se inicia en 1928 en las ruinas de Guiza, donde se descubre un portal. Años más tarde el Dr. Jackson (James Spader), experto en jeroglíficos y lenguajes antiguos, es reclutado para decodificar los símbolos del portal. A la misión se suma el coronel O´Neill (Kart Russell) que actúa como líder antagonista. Jackson, fruto del azar y su rapidez mental, consigue develar el enigma para que la tripulación logre cruzar el portal. Al otro lado encuentran un mundo desértico donde los humanos viven esclavizados por el dios egipcio Ra. Como en toda dictadura la ignorancia es fuente creadora de trabajo, los primitivos hermanos planetarios tienen prohibida la escritura y la lectura. Jackson actúa como un Mesías, a través de su llegada se corresponde el establecimiento de un nuevo orden. Desmantela la fabula de Ra liberando a los nativos y obtiene su redención junto al amor de Sha're.

Jennifer Nicole Feinbraun

Sep 21, 2011

Estación lunar 44 (1990) –Roland Emmerich

Reseña crítica


En la última película en su país natal, Emmerich se permite un discurso vacante: escenas implícitas de violación, homosexualidad latente, violencia desmedida, abusos de poder y venganza en respuesta. La faceta moralista de Emmerich no está en primer plano, sino que subyace en el discurso final de Stone cuando pone en entredicho la importancia que ponen las megacorporaciones en la explotación por sobre la vida humana. La trama es simple al igual que sus efectos especiales trash. En el año 2038 los recursos naturales están agotados, las corporaciones multinacionales tomaron el control del universo desatando múltiples batallas para la conquista de planetas mineros. Estación 44 es uno de los últimos satélites de “Minería galáctica” y está por ser usurpado por “Pyrite”. Si bien la estación cuenta con un sistema de defensa, necesitan personal para tripular las naves. Aquí surge la misión comandada por Stone (infiltrado en un grupo de reclutas) que irá a proteger la estación. Stone descubre que “Pyrite” tenía cómplices en la unidad que desde adentro permitían el usufructo de transbordadores. Stone pone el cuerpo y desmantela la conspiración.  El último film de Emmerich manifiesta el deseo de ser adoptado por los grandes estudios.

Jennifer Nicole Feinbraun

Sep 13, 2011

El Día de la Independencia (1996) - Roland Emmerich

Reseña Crítica



El 2 de julio se registra en la sede de avistamientos de México, un objeto no identificado que se dirige directo a la Tierra. Se trata de una nave extraterrestre acompañada por un ejército de platillos voladores que se ubican estratégicamente en las ciudades capitales del mundo.  La noticia llega al presidente que debe tomar cartas en el asunto. En un principio, el desconocimiento de las intenciones de los invasores llama al silencio político; pero, el científico David Levinson no tarda en decodificar las señales alienígenas emitidas por las naves. Una cuenta regresiva puesta en marcha para el ataque. Debido a la hostilidad de los invasores, el presidente abandona la Casa Blanca. Así se da inicio a una serie de eventos desafortunados que amenazan la supervivencia de la raza humana. Ante las desigualdades tecno-militares, el exterminio masivo es inminente.

Exaltar el virtuosismo de la técnica de los grandes estudios, refuerza un argumento basado en formulas genéricas, que se dilata en diálogos explicativos y personajes tipo. Una narrativa plural que funciona a saltos hace que los personajes no sólo se salven; sino, que encuentren redención. El científico que pasa horas jugando al ajedrez con su padre, reconstruye la relación con su ex mujer; la bailarina exótica termina casándose con el padre sustituto de su hijo; la primera dama, que sobrevive al atentado alienígeno contra el avión que comanda su escape, se reúne con su familia para alcanzar una muerte digna.

La religiosidad es el lugar común que subyace a “El día de la Independencia” y a gran parte de la producción de Emmerich. En el discurso del presidente, previo al contraataque militar, un Bill Pulman emocionado, profesa el derecho de la existencia humana unida para sobrevivir a la invasión, la hermandad terrestre se enfrenta a un enemigo exterior común.  A partir del discurso patriótico,  los países hacen a un lado sus diferencias. Aludiendo a la figura de J.F. Kennedy, Pullman pone el cuerpo y decide comandar uno de los aviones de las fuerzas armadas. De este modo el discurso nacionalista se confunde con el discurso humanista. El 4 de julio, día de la conmemoración de la independencia de Estados Unidos, se yuxtapone a la declaración de la independencia de la raza humana. Por metonimia se toma la parte como el todo; y, la independencia estadounidense viene a hacer de la independencia de toda persona.

La construcción de figuras religiosas es otro de los puntos que Roland ataca. El alcohólico ex combatiente de Vietnam, termina estrellando su avión contra el núcleo de la nave extraterrestre. La cultura kamikaze reapropiada por el poderío militar estadounidense. Este personaje-comodín se inmola en pos del nuevo proyecto humano. La necesidad de la humanidad de anteponerse al caos, hace emerger a la cristiandad como guía moral para sobrevenir al fin. La existencia es puesta a prueba. La ciencia y la política ceden al pensamiento cristiano, a la fe como eje englobante de doctrinas disimiles. Estos tres discursos hibridan ante la necesidad de regularizar el caos. El estado crítico lleva a una reflexión regenerativa de la especie que triunfa luego de la batalla.


Jennifer Nicole Feinbraun